Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 7 Abril, 2011


De cal y de arena
Del San Juan a la Sabana

El 1º de mayo de 1857 fue día de gloria para la nación costarricense y para sus hermanos centroamericanos. Ese día se produjo la rendición de William Walker y de sus ejércitos filibusteros, llegados al Istmo en el marco de una política expansionista que encontraba fuertes e influyentes respaldos en los círculos de poder de los Estados Unidos y acogidos calurosamente por el gobierno títere de Nicaragua al coincidir, unos y otros y por diversas motivaciones, en el objetivo de arrebatarle el Guanacaste a Costa Rica.
La rendición de Walker culminó exitosamente la segunda campaña de la Guerra de Liberación de la que la toma de la vía del tránsito fue pieza descollante. Con la batalla de Santa Rosa, los historiadores los marcan como los hechos más bien ejecutados de la historia militar costarricense. Este triunfo -recuerda el Prof. Carlos Monge Alfaro- produjo una explosión de entusiasmo y admiración entre los costarricenses que acudieron el 13 de mayo de 1857 a recibir a las tropas a lo grande. El “Clarín Patriótico” hizo una prolija crónica de los festejos que concluyeron este día “en medio de la alegría más general sin que hubiese que reprimir ningún desorden ni castigar la más leve falta”. Así, relata Clotilde Obregón, a resultas de esa victoria fundamental Costa Rica no sólo se defendió y preservó Guanacaste, sino que también sostuvo su límite en el río La Flor y expulsó para siempre a los filibusteros.
150 años después, el 1º de mayo de 2007, aquellos hechos de tan extraordinaria significación política e institucional, fueron poco menos que ignorados. No hubo voluntad política ni interés histórico en rememorarlos y la administración Arias Sánchez se ocupó de que así fuese para no introducir un factor de nacionalismo que descarrilase sus objetivos de sacar a fortiori el Tratado de Libre Comercio. Y si en 2007 no hubo un centavo asignado a aquel sesquicentenario, cuatro años después –vaya contraste- la plata brotó a borbollones para financiar la mayor y más intoxicante campaña publicitaria de los últimos tiempos dirigida a exaltar la construcción del nuevo Estadio Nacional, obra de exquisita belleza y pertinente idoneidad donada por China pero que en modo alguno tiene la trascendencia política e histórica de los hechos que no se quisieron conmemorar en 2007. (El puente de La Amistad que obsequió Taiwán tiene más importancia para el desarrollo social y económico del país que el Estadio). No importa, había que combinar poder del dinero y poder mediático para montar esa descomunal campaña publicitaria que con aciertos, también sirvió para demostrar -otra vez- que todavía a muchos costarricenses es fácil seducir con vidrios de colores.
La semana pasada el presidente Juan Manuel Santos hizo saber que Colombia y China están negociando la construcción de un ferrocarril de 220 kilómetros para integrar las costas del Atlántico y del Pacífico, a un costo de $7.600 millones y con la participación del Banco de Desarrollo de China y de la Empresa Nacional de Ferrocarriles de China. Proyecto este que confirma el interés de aquel país asiático por diversificar sus bazas económicas y afianzar alianzas. Y también la distinta tabla de valores, trascendencias y prioridades que tienen Juan Manuel Santos y Oscar Arias.

Alvaro Madrigal