Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 7 Julio, 2014

Agradezco a los jóvenes seleccionados que hicieron un llamado de atención en contra de la violencia


Del fútbol y sus alegrías

Jueves 3 de julio, noche. Escribo. Desconozco el resultado
del juego Costa Rica – Holanda del sábado 5.
Quiero creer que estamos entre los cuatro mejores del mundo. Si así no fue, igual estoy agradecida con la Selección Nacional. Admiro su coraje, me enorgullezco de su entereza, aplaudo su energía.


El domingo 29 de junio, yo, Claudia, ignorante del fútbol, vi el partido pasando por muchos estados de ánimo: ansiedad (permanente), tormento (con el gol en contra en el minuto 90), disfrute (por las jugadas coreográficas), entusiasmo (ante la energía de los jugadores), incertidumbre (cuando la Sele tenía que ir a penales), autoconvencimiento (de que teníamos un gran portero, Navas), euforia total (cuando ganaron).
Llevé a Valeria, mi hija menor, a las cercanías de la Fuente de la Hispanidad y durante el trayecto de ida y vuelta, saludé a todos los que se dirigían a celebrar. Todos éramos la Sele. La felicidad de cada uno era compartida por el resto.
Recordé cuánto había llorado mi papá el 25 de junio de 1978, cuando Argentina alcanzó su primer título en el Mundial de fútbol. Era la primera vez que veía llorar a don Leopoldo. Mi hermanita Paula, de apenas cinco años, se asustó con los alaridos y llantos de su padre y costó mucho tranquilizarla.
El triunfo de la Selección argentina en su propio país, casualmente ante el equipo holandés, estuvo teñido de gris: la dictadura, entonces liderada por Videla, entregó la Copa, mientras miles de ciudadanos estaban desaparecidos. La sentencia “Los argentinos somos derechos y humanos” era la consigna de los que no querían ver lo que estaba pasando. La alegría de un triunfo deportivo pretendía ocultar el terror.
Nuestra realidad es otra, por dicha. Sí, nos enfrentarnos a la “Naranja mecánica” (título adoptado por la selección holandesa aunque original de la película de Kubrick de 1971), pero no solo no vivimos bajo una dictadura militar: nos libramos de una democrática.
Y aunque ninguno de nosotros sabe muy bien qué pasará con este nuevo gobierno, en el que debuta un nuevo partido político, debemos tener la esperanza de que, así como Brasil 14 ya superó a Italia 90, la presidencia de Solís superará la de Calderón. No es imposible, ni siquiera difícil. Basta con que el gobierno no sea cuestionado por tráfico de influencias, corrupción, enriquecimiento ilícito y/o sobornos.
Sin ánimo de empalidecer la emoción que nos embarga a todos, no puedo olvidar otro enorme y terrible lunar que oscurece la alegría: el aumento en las denuncias por violencia doméstica durante cada uno de los partidos en los que jugó Costa Rica. Ganamos y, sin embargo, durante esos días, mujeres (en un 70%), niños y adultos mayores fueron agredidos físicamente. Si la Sele hubiera perdido no quiero pensar en la cantidad de muertos que tendríamos.
Agradezco a los jóvenes seleccionados que hicieron un llamado de atención en contra de la violencia. ¡Cuidémonos todos y celebremos en paz!

Claudia Barrionuevo
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