Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 2 Agosto, 2008

Elogios
Del fútbol a Gardel

Leopoldo Barrionuevo

Si no es por una cosa es por la otra, los argentinos y los uruguayos disputarán en todos los terrenos y en todos los tiempos, pese a que en épocas tranquilas volverán a visitarse, a reunirse, a mantener amistades de las de antes e incluso a amarse y unirse en parejas, hoy que el matrimonio está en franca decadencia.
Buenos Aires y Montevideo están separadas por el ancho Río de la Plata que se forma mediante la unión de cientos de ríos de las selvas de Brasil que convertidos en el Paraná y el Uruguay desembocan en el delta del Paraná, río que a su vez separa al sur la Argentina de la República Oriental del Uruguay.
Pero con un largo de 275 km y un ancho de 221,5 el Plata es con mucho el río más ancho del mundo.
La primitiva Banda Oriental fue motivo de disputas permanentes entre España y Portugal por cuanto está al sur de Brasil, más allá de Rio Grande do Sul y se constituía en un peligro creciente ante el crecimiento tardío de Buenos Aires, tan tardío que vivieron por siglos con la esperanza de hallar la riqueza de la plata que nunca llegó. Esto dio nombre al río y al territorio del sur: Argentina, del latín “argentum” es decir plata, pero no sería hasta 1860 en que un presidente, en este caso Bartolomé Mitre, lo fuera de la República Argentina, hasta entonces denominada Provincias Unidas del Río de la Plata.
A 40 km de Buenos Aires se halla Colonia do Sacramento en territorio uruguayo, una ciudad colonial encantadora que fue siempre tomada y retomada en tiempos de la colonia, una tierra que une a los dos pueblos, puesto que en las épocas de dictaduras fue refugio para los disidentes argentinos, mientras Buenos Aires lo era para los orientales, palabra que nos recuerda la posición geográfica del Uruguay: al oriente de Buenos Aires. Y de esa unión a través del río nacieron muchas cosas buenas y comunes que hacen a esos dos pueblos más hermanos todavía, la principal es el tango, producto de ambas márgenes alrededor de 1880 con composiciones, músicos, bailarines y milongueras que se intercambiaban en los cotidianos viajes de las chatas areneras, cuando el flujo de mercancía daba vida a ambas orillas. Ahora lo da primordialmente el turismo argentino hacia Punta del Este.
En el pasado siglo esa unidad espiritual se vio en peligro cuando el fútbol argentino perdió las finales de las Olimpiadas del 28 y la del Mundial del 30 al inaugurarse el Estadio Centenario de Montevideo. Carlos Gardel se vio obligado a cantarles a los jugadores de ambas selecciones, en días previos al partido, lo que originó múltiples disturbios después.
Hace dos años, el tema que pareció producir una ruptura fue el de las papeleras uruguayas de San Bentos supuestamente contaminantes del río Gualeguaychú, que separa a ambos países hacia el norte. Aún no ha cesado la reyerta y “la sangre no llegó al río”.
Pero lo peor es que desde hace unos años, el nacimiento de Carlos Gardel es reclamado por los “yoruguas” denominados carne de paloma (ignoro el origen) mientras estos llaman a los argentinos “barriga pinchada”, se supone que todo esto es cariñosamente. La documentación está a favor de los franceses quienes lo tienen inscrito como Charles Romuald Gardes nacido en Toulouse el 11 de diciembre de 1890, hijo guacho (bastardo) de Berthe Gardes y de padre desconocido. Pero los argentinos reclaman su nacionalización argentina en 1920 con papeles que dicen que es nacido en Tacuarembó, ROU, el 11 de diciembre pero de 1887.
Este ya es un asunto serio: el Parlamento uruguayo ha pedido al Gobierno argentino un estudio de ADN, mientras que los argentinos piden un peritaje de su letra en su testamento ológrafo, es decir de su puño y letra, que no tiene valor en Uruguay.
La Justicia argentina niega el ADN mientras no sea un familiar el que lo pida y es mejor que el misterio prosiga: puede que un ADN deje felices a unos y frustrados a otros o puede que todos lo lamenten. Lo cierto es que aunque hubiera nacido en Uganda, Gardel sería el mismo, de modo tal que el misterio seguirá alimentando al mito. Amo esa polémica que Gardel dejó encendida con su amor por lo esotérico.
Mientras tanto, pasan unos, pasan los otros, los Julio Iglesias, los Luis Migueles, envejecen sus fans y Carlitos, francés, argentino, uruguayo seguirá deleitándonos, cantando cada día mejor “Mi Buenos Aires querido…”.

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