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Lunes 29 Julio, 2013

Reto a cualquier partido político a empezar a pensar en productividad. Si no lo hacen, no me vengan con romanticismos


Dejémonos de romanticismos

Con el inicio del periodo electoral resulta asombroso ver la ausencia de ideas concretas y válidas por parte de los partidos políticos para conducir al país hacia el progreso. No se propone solución. No se logra consenso.
Las propuestas de varios profesionales y académicos cuando opinan sobre la situación del país, en su mayoría, concluye que se debe luchar por un mejor destino, mejores gobernantes, mejor educación, mejores condiciones sociales, pero resulta extraño que alguien diga cómo hacerlo.
En 2012 se conformó la Junta de Notables a solicitud de la administración Chinchilla Miranda. Un caso invaluable de estudio para explicar la problemática que vivimos como país.
Explico:
- El equipo de notables se conformó a mitad de periodo. Síntoma 1: Falta de planificación. El objetivo: “Avanzar hacia mayores niveles de funcionalidad y calidad de nuestra democracia.” ¿Esta es la prioridad del gobierno, cuando el pueblo habla de alto costo de la vida, desempleo, poco desarrollo social?
Síntoma 2: Buscamos las respuestas a las preguntas incorrectas
-Tiempo requerido: 7 meses. Síntoma 3: No existe sentido de urgencia.
-La propuesta consistió en 97 recomendaciones en temas diversos. Síntoma 4: No diferenciamos entre lo importante y lo no tan importante.
-Resultado: El gobierno no ejecutó ningún cambio mayor. Síntoma 5: Falta de ejecutoria.
Resulta por lo tanto romántico hablar de una Junta de Notables con buenas intenciones. Dejémonos de romanticismos y hablemos de productividad.
Al grano. ¿Qué quiere el pueblo? Vivir mejor. ¿Qué ocupamos para lograrlo? Educación, salud y empleo. ¿Cómo lograrlo? Viviendo en una cultura de productividad a todo nivel.
La productividad logra que converjan distintos grupos de interés puesto que favorece tanto al estado como a la empresa privada, al empresario como al asalariado y al desempleado. Al rico, a la clase media y al pobre. Al enfermo como a quien goza de salud. A quien tiene estudios como al que desea tenerlos.
Si el estado incrementa su productividad, podrá ofrecer mejores servicios a un menor costo. Se disminuyen los trámites, se asignan los recursos remanentes a mayor inversión en infraestructura.
Esto favorece la competitividad del país y, por lo tanto atrae más inversión extranjera directa, lo que genera empleo y bienestar.
El empresario al generar mayor renta tributa más. Esto genera un mayor ingreso al estado quien a su vez asigna mayor cantidad de recursos a la educación y a la salud. La lista de efectos positivos podría continuar.
La filosofía de la productividad debe contar con algunos principios básicos:
-PLANIFICADA, no puede ser fruto de la improvisación.
-MEDIBLE, para asegurar su efectividad.
-PROGRESIVA, debe existir mejora permanente sin importar su magnitud.
-SIMPLE.
Eso sí, debemos ser capaces de:
-Hacer lo que decimos que vamos a hacer. Esto sugiere la necesidad de rendición de cuentas.
-Incentivar el progreso del empleado público, no por títulos o años de labor, sino por efectividad y progreso.
-Hablar de un proceso. Una cultura de productividad toma tiempo.
-Lograr voluntad política. ¿Por qué no si nos favorece a TODOS?
-Tener liderazgo.
Reto a cualquier partido político a empezar a pensar en productividad. Si no lo hacen, por favor no me vengan con romanticismos.

José Alberto Soto Golcher

Ingeniero industrial