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Dejarse de playadas y mariconadas

Vladimir de la Cruz vladimirdelacruz@hotmail.com | Miércoles 12 diciembre, 2012


Se quiere obligar a las parejas no heterosexuales a la vieja fórmula del concubinato público, notorio y escandaloso pero regulado, sin que constituya matrimonio, simplemente unión libre, rimbombantemente sociedad en convivencia, por pendejada o falta de valor, por playada y mariconada de no asumir una actitud digna con estas parejas de reconocerles su derecho al matrimonio como está establecido en la Constitución, entre personas, sin determinar sexo


Pizarrón

Dejarse de playadas y mariconadas

En buen costarricense esto es dejarse de necedades, de tonterías y de cobardía o de tener miedo.
La Asamblea Legislativa discute dos proyectos de ley para tratar la situación de las uniones civiles entre personas del mismo sexo, ambos sobre la misma cuestión.
Se trata de las llamadas Sociedades de Convivencia, que da derechos patrimoniales a las parejas del mismo sexo que tengan relaciones estables, derechos como acceso a créditos conjuntos, seguro para la pareja y visitas de hospitalización.
¿Cuál es la pareja estable? Todas las parejas en su inicio y desarrollo potencialmente son estables. Se inestabilizan o descomponen por problemas propios de cada pareja. Hasta diputados hay inestabilizados por su relación de pareja. Parejas de décadas de matrimonio tienen inestabilidades.
La cantidad de divorcios en Costa Rica es mayor que la de matrimonios, y se ha modificado la ley para que al día siguiente de la ceremonia matrimonial se pueda gestionar el divorcio, si en ese primer día se dieron cuenta los cónyuges, como dice la Constitución, no funcionan. ¿Entonces, cuál estabilidad se le pide a las parejas del mismo sexo que ni siquiera les permiten casarse como los heterosexuales inestables?
Se quiere obligar a las parejas no heterosexuales a la vieja fórmula del concubinato público, notorio y escandaloso pero regulado, sin que constituya matrimonio, simplemente unión libre, rimbombantemente sociedad en convivencia, por pendejada o falta de valor, por playada y mariconada de no asumir una actitud digna con estas parejas de reconocerles su derecho al matrimonio como está establecido en la Constitución, entre personas, sin determinar sexo.
Las parejas del mismo sexo existen, como existían las mujeres antes de su reconocimiento de voto. Viven y existen, pero se les condena y conmina para que, en su mayoría, ocultamente se realicen.
No es un problema solo de derechos patrimoniales. Sin esta ley pueden esos derechos obtenerse con acuerdos administrativos en instituciones como Bancos, la CCSS, la Junta de Pensiones o cualquier otra, por vía testamenaria o por manifestación de la voluntad en escritura pública.
Hay hoteles, bares y restaurantes en el país que reciben parejas de esta naturaleza, homofílicas o hembrafílicas, advirtiendo a heterosexuales de esa situación para respetar dichas parejas.
Los privados de libertad tienen derecho a su visita conyugal en parejas del mismo sexo sin que modificaran o crearan alguna ley para ellos.
Los diputados deben desprenderse de sus prejuicios homofóbicos, dejar su homosexualidad reprimida en el clóset, y avanzar hacia el reconocimiento del matrimonio, como existe para parejas heterosexuales.
También los líderes de los defensores de estos derechos, que se ocultan en la figura floja y blandengue de la sociedad de convivencia, que en la forma de su trámite es ni el simple concubinato público, notorio y escandaloso para estas parejas.
Si quieren vivir plenamente como parejas del mismo sexo luchen por la figura jurídica del matrimonio del mismo sexo. A eso vamos a llegar, ¿por qué no resolverlo ahora?

Vladimir de la Cruz

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