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Costa Rica no necesita situaciones que exacerben las diferencias llevándolas a límites irreconciliables, requiere debate de ideas inteligentes para el bien común, con las cuales convencer a la mayoría


Decisión legislativa provoca reacciones

Fuertes reacciones en la población en general y en magistrados jueces y fiscales en particular, ha suscitado la no reelección del magistrado Fernando Cruz en la Sala Constitucional, hecho que se llevó a cabo por medio de los votos de la bancada de Liberación Nacional.
Quienes han manifestado públicamente su queja por esta decisión, basan generalmente sus argumentos en las buenas cualidades profesionales y personales que ven en el magistrado Cruz, por lo que no encuentran razones válidas para no reelegirlo.
Más bien, perciben esa no reelección como un castigo porque las actuaciones del magistrado Cruz en la Sala IV aparentemente no han sido coincidentes con la voluntad política de los diputados liberacionistas.
Por su lado, en cambio, dichos diputados defienden su actuación porque como representantes del pueblo en la Asamblea Legislativa tienen potestad para hacerlo y mayoría de votos para concretarlo.
Parece estar claro que lo que se ha producido es un fuerte pulso sobre el poder y la división de poderes.
Ello por cuanto si bien es cierto que el Congreso tiene el poder para nombrar o rechazar la reelección de un magistrado, eso no significa que ese poder pueda ser utilizado como modo de adoctrinamiento.
Al Poder Judicial por su parte le corresponde el manejo de la justicia, y se espera que en él exista una independencia de criterios y que las decisiones puedan ser fundamentadas en razones netamente jurídicas.
En momentos en que gran parte de la población se encuentra molesta e inconforme con algunas actuaciones y situaciones que se dan en la administración, no pareciera saludable que se presenten situaciones como esta ya que pueden llegar a producir vendettas ideológicas no deseables.
Más bien, lo deseable sería que existiera la suficiente inteligencia, madurez y talento para debatir sanamente los problemas nacionales y llegar a acuerdos.
Cuando se utiliza cualquier otra forma que no sea la exposición inteligente de buenas ideas para el bien común, solo se está demostrando que no las hay.
Costa Rica no necesita de situaciones que exacerben las diferencias llevándolas a límites irreconciliables, sino, por el contrario, requiere de la serena discusión que solo se produce en realidad cuando hay sólidas ideas y razones, con las cuales convencer a la mayoría.
La gran pregunta que seguimos haciéndonos es: ¿veremos eso en algún momento?

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