Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 15 Enero, 2014

Estamos, ahora sí, sin ninguna duda, reeditando la odiosa campaña del miedo del referéndum de 2007. ¡Cómo si necesitáramos motivos mayores de polarización!


Hablando Claro

Decidir por miedo

En un contexto democrático en el que la confianza ha caído a niveles inimaginables en los últimos años y la decepción por los escasos frutos de la eficacia institucional y la gestión de la cosa pública desde el ejercicio político marcan severamente a la baja, lo único que no necesitamos los costarricenses es decidir bajo la daga amenazadora del temor nuestra opción electoral para el próximo domingo 2 de febrero.
Pero está visto que el hombre es el único animal que tropieza dos veces y acaso muchas más en la misma piedra y estamos, ahora sí, sin ninguna duda, reeditando la odiosa campaña del miedo del referéndum de 2007. ¡Como si necesitáramos motivos mayores de polarización! ¡Como si la división fuera un valor agregado para resolver los inmensos desafíos que tenemos encima!
No soy ninguna ingenua. Entiendo perfectamente —como me dijo un buen amigo liberacionista— el viejo adagio aquel de que en la guerra y el amor todo se vale y que ello por supuesto aplica a la batalla electoral que se está librando en estas cruciales semanas. Por tanto, no se trata de esperar condiciones celestiales en un juego que está por demás lejos de pulcritudes.


Pero aún teniendo clara la naturaleza de la contienda, por principio yo rechazo las campañas del miedo y lo mínimo que puedo hacer como demócrata es externar mi animadversión por prácticas burdas de solapada coerción para generar convencimiento forzado en cualquier sentido. En paralelo, están diseminándose en este momento, los anuncios del PLN en medios de comunicación que advierten que el voto por José María Villalta “pondrá en riesgo mi trabajo y el de otros miles de costarricenses” y una campaña entre empresas privadas con panfletos y diapositivas que vaticinan a sus trabajadores acerca de los supuestos inminentes peligros para la estabilidad laboral y democrática del voto por el Frente Amplio y su “alianza bolivariana con los perniciosos efectos que se han visto en Nicaragua y Venezuela”.
¡Lo que nos faltaba! Trabajadores, ciudadanos, votantes de toda clase y nivel acudiendo a las urnas atemorizados otra vez, por uno de los peores fantasmas que se ciernen sobre la estabilidad de la vida cotidiana de cualquier ser humano: la pérdida del empleo para, dignamente, allegar el sustento propio y de la familia.
No tengo idea cual será el corolario de esta nueva instrumentación del temor. Pero sí estoy segura que estamos minando las bases de la construcción futura de los acuerdos de la confianza, de la entereza, de la buena fe y de la transparencia para hacer del nuestro, un futuro mejor.
Qué deplorable que la lectura desde los poderes fácticos siga siendo tan miope. Nos estamos disparando en los pies. Y cualquier victoria en un panorama así, será siempre una victoria pírrica.
Aunque algunos con tal de mantener el poder, sean capaces de acudir al amedrentamiento social. O como dijo muy bien mi colega Cristian Cambronero a justificar los miedos por el fin.

Vilma Ibarra