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Lunes, 10 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Debemos resolver seriamente el problema fiscal

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 13 julio, 2018


Sinceramente

Debemos resolver seriamente el problema fiscal

El gobierno gasta más, mucho más de lo que recauda en impuestos.

El presupuesto nacional está financiado en cerca de un 50% por préstamos que generan intereses que a su vez aumentan el gasto público. El otro 50% del presupuesto nacional está financiado por los impuestos recaudados. Hemos incurrido en rigideces en las transferencias obligatorias a sectores de gobierno o instituciones. Con estos mecanismos se obliga al Estado a lo imposible ya que tiene que desembolsar lo que no tiene.

Hay que acabar con el vicio legislativo de crear instituciones y desembolsos, gastos y proyectos sin contenido económico alguno. Es irresponsable. Es suicida.

Por cada 1% que suba la tasa internacional de interés, el gasto total que genera es de unos ¢170 mil millones al año. Estamos a merced de la deuda externa que no puede disminuirse en términos reales con devaluación y de la cual no controlamos su posible futura tasa de interés.

El gasto mayoritario de gobierno es en sueldos y salarios, pluses, anualidades, pensiones, cargas sociales y otros extremos relacionados con la planilla. Es insostenible el régimen de remuneración del sector público. Es insostenible la contratación suplementaria de empleados del sector público total. Costa Rica no soporta contratar más servidores públicos en las condiciones de remuneración presentes.

Ya la deuda pública llega a cerca del 63% del producto interno bruto.

El proyecto tributario no resuelve la totalidad del problema fiscal. No genera la suficiente recaudación y el gobierno no está reduciendo el gasto público de manera decidida. Si no resolvemos las causas últimas del déficit este volverá en unos años.

Si el déficit fiscal no se controla y pronto, el país podría tener una crisis cambiaria que haría palidecer la de los años 80. Con una economía cada vez más dependiente del sector externo, una hiperdevaluación e hiperinflación desestabilizaría al país social y políticamente de manera desastrosa. No podemos como sociedad democrática incurrir en riesgos de esta naturaleza. Con una desestabilización económica y social la democracia se vería en graves peligros para subsistir.

En este escenario hay diputados que están saturando de mociones la aprobación del proyecto tributario. Otros están discutiendo si el IVA debe ser un 13%, un 14% o un 15%. Es claro que no alcanzará esa recaudación para siquiera pagar la totalidad de las pensiones de Hacienda. Es claro que una devaluación y una inflación serias impactarían a las clases más débiles en mayor grado que el IVA sobre servicios, salud y canasta básica. Seamos serios. El país no aguanta más politiquería.

Creo que Costa Rica debe reaccionar con la seriedad que la crisis demanda. Creo que quienes no entienden que el país se aproxima al borde mismo del abismo no están en nada o desean desestabilizarlo.

El país cambió en su estructura económica. En los últimos 25 años el país dejó de ser un monoproductor agrícola para constituirse en una economía industrial y de servicios. Es claro que esos sectores emergentes deberían sostener una mayor carga que la que soportaban hace 25 años.

Es claro que la industria de alta tecnología del país no existía entonces. El sector servicios era apenas una parte insignificante de nuestra economía. Hoy somos una economía industrial y de servicios. Es más, en aquellos tiempos las 100 empresas más grandes e importantes del país eran propiedad de los costarricenses. Hoy las 200 empresas más grandes e influyentes de Costa Rica son de propiedad extranjera.

La estructura económica se transformó y ahora hay que transformar la estructura tributaria. Hacer recaer el peso de los impuestos sobre la antigua sería absurdo. Pensar que el sector agrícola, que es hoy menor en relación al PIB que el sector de diseño y construcción de programas de cómputo, va a costear los nuevos impuestos es desconocer la realidad económica nacional.

No reducir el número de instituciones del país sería un error histórico. No reformar pluses, anualidades y percentiles en que se ubican los salarios públicos sería una catástrofe.

Aumentar impuestos a los mismos de siempre sería lanzar al país por la senda acelerada de la economía informal generalizada. Los disparadores del gasto, los automaticismos en asignación de un porcentaje del PIB a algunas instituciones, la creación de entidades sin contenido económico y otros vicios deben arrancarse de raíz en Costa Rica.

Los presupuestos de las municipalidades y las instituciones descentralizadas que ahora son aprobados por sus juntas directivas deben recibir discusión y aprobación legislativa.

Seguir pensionando con recursos del erario a miles de personas generando diferencias sociales y ensanchando brechas de ingreso y de riqueza acumulada es hacer una revolución social al revés. Hay que unificar los sistemas de pensiones con la CCSS. El único régimen de pensiones para todos los costarricenses debe ser el de Invalidez Vejez y Muerte. Los que cotizan adicionalmente deben hacerlo a través de pensiones complementarias.

Debemos corregir los yerros politiqueros en que incurrió el país en el pasado y la inacción en que por los últimos años dormitó Costa Rica. Hay que corregir el problema ya y de raíz. Hay que superar estos desaguisados de manera integral, pronta, seria, y decisiva.

Costa Rica espera lo mejor de este gobierno y de los diputados electos. No hay tiempo que perder.

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