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NACIONALES


DEBATE: ¿Dolarizar ahora?

Redacción La República [email protected] | Miércoles 01 abril, 2009



DEBATE: ¿Dolarizar ahora?

Daniel Chacón
[email protected]


Eduardo Lizano
Economista, ex presidente Banco Central

Tiempo de calma


“Cualquier cambio traería como consecuencia incertidumbre, porque hay un proceso de aprendizaje para manejar cualquier nuevo sistema”


En las circunstancias actuales, estando precisamente en medio vendaval, preferiría tener más calma en cuanto a política monetaria. En otras palabras, no me atrevería a cambiar de caballo a mitad de un río bastante agitado.
En estos tiempos, es innecesario adicionar riesgos a economías nerviosas y frágiles, que ya tienen suficiente con enfrentar las dificultades que se viven en el mercado internacional actualmente.
Desde el momento en que el Banco Central anunció la implementación del régimen cambiario de bandas, sabíamos que era una medida transitoria, para llegar, en el mediano plazo, a un sistema más flexible. Por ejemplo, la flotación administrada le permitiría a la autoridad monetaria tener un mayor control sobre la inflación, objetivo que ya se cumple medianamente con las pautas que tenemos de devaluación en el esquema de bandas. Pero aún no estamos listos para eso.
El mercado aún se está acostumbrando a los movimientos en el techo y piso de la banda; hay que aprender a utilizar este procedimiento primero, antes de ir a uno de tipo más abierto.
Tampoco la certeza que daban las minidevaluaciones es satisfactoria. Este mecanismo tiene un efecto inflacionario inercial, es decir, por sí solo origina inflación anticipadamente.
Esto por cuanto, para cualquier empresario o agente económico resulta sencillo calcular la devaluación nominal, entonces incorporan la depreciación de forma anticipada en el valor de su actividad, y eso viene a dificultar el control inflacionario.
Este mecanismo también repercute en el déficit del Central. Cada vez que compra dólares emite colones, eso lo obliga luego a salir con la otra mano a captar pagando un interés para recuperar esa liquidez, que le aumenta sus pérdidas. Por eso, es mejor continuar en las bandas con la debida flexibilidad. En todo caso, decisiones como modificar el régimen cambiario no se toman a la ligera, al menos este no es el momento apropiado. Ahora bien, cuando volvamos a la normalidad, será entonces viable el debate: flotación o dolarización.



Norberto Zúñiga
Analista de Ecoanálisis

Menos riesgo


“No es cambiar por cambiar. El país y los agentes deberán prepararse para disfrutar las virtudes que puede dar la dolarización”


El atractivo de la dolarización se basa en la teoría de que la tasa inflacionaria de un país convergería con la de Estados Unidos, que históricamente ha sido muy baja. Esa sería una de las principales ventajas, aun cuando ello no podría lograrse de manera inmediata. Este objetivo es muy importante, particularmente para un país como Costa Rica que no ha podido bajar sus niveles inflacionarios. Con cierto rezago, las tasas activas y pasivas en colones se reducirían. También veríamos una eventual eliminación del riesgo cambiario. Los empresarios y comerciantes se ahorrarían costos de transacción que surgen al cambiar dólares a colones y viceversa, cuya diferencia entre tipo de compra y venta es 10 colones (cerca del 2%).
Las transacciones internacionales como el comercio de bienes, servicios y flujos de capital también verían reducirse los costos de conversión. Bajo las condiciones anteriores, el país podría tener una ganancia tanto en volumen como en eficiencia de la inversión, lo cual favorecería el crecimiento económico, el empleo y los salarios reales.
Como se prescindiría de la política monetaria y cambiaria, las autoridades tienen que buscar otros mecanismos de ajuste. El mercado de trabajo tendrá que ser mucho más flexible, así como la política de gastos e impuestos a efecto de coadyuvar en los periodos cíclicos que se dan en la actividad económica.
A mi juicio idealmente la dolarización se vería beneficiada si viniera acompañada por algunos socios comerciales de Centroamérica y República Dominicana, dada la estrecha relación e importancia relativa de estos mercados. Finalmente, la dolarización es una medida que podría derivar beneficios a mediano plazo, pero no se puede pensar en esta opción para resolver los problemas de la crisis actual. En este momento, por ejemplo, podría ser más conveniente un sistema cambiario que disminuya la erraticidad, la incertidumbre, la zozobra y propicie un clima de mayor tranquilidad y confianza.