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Lunes, 19 de agosto de 2019



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De las metas a los sueños

Leopoldo Barrionuevo [email protected] | Sábado 04 septiembre, 2010



Elogios
De las metas a los sueños


Planificar es algo que no agrada mucho a los ticos, más proclives a iniciar algo y dejarlo para después como la carretera de la Costa (con puentes y sin carretera), o la de Circunvalación, que demoró años en ser puesta en servicio, lo malo es que esto se extiende a las pymes y a la improvisación que nos anima, como en modo constante lo observo en las numerosas consultas que me hacen.
Por de pronto, los proyectos carecen en su formulación de algo que hace al conocimiento y son las preguntas al modo socrático, es decir, la mayéutica que Peter Drucker amaba como fuente del saber a lo ancho del management: “En marketing muchos persiguen definiciones sin comprender que las preguntas adecuadas son las que generan respuestas correctas”.
Una persona que constantemente investiga a su alrededor como un niño, puede ser un curioso y también puede alcanzar el rango de investigador, en el mejor de los casos.
Claro está que es fundamental que uno se mire por dentro e intente también resolver su vida y fijar sus propias metas
Uno se pregunta: ¿Por qué la gente no alcanza los resultados que la satisfagan? ¿Por qué muchos prometen y solo llegan a la mediocridad?
Hay diversas conductas que analizar:
1. Todos poseemos un potencial entre ocho y diez veces mayor al que utilizamos habitualmente.
2. Difícilmente nos planteamos seriamente qué deseamos obtener y mucho menos, cómo llegar hasta allí.
3. Muchas personas creen seriamente en el destino y no hacen nada para cambiar su vida.
Las personas no hablan de sus logros, por el contrario, se quejan de lo que pudieron ser y no fueron, de lo que pudieron obtener y algo se lo impidió y de lo que la vida, el ambiente, los obstáculos y barreras que se interpusieron, les jugaron en contra.
Nadie piensa seriamente en hacer un plan por cuanto este compromete y ello cambia nuestra vida. ¿Y qué? Es justamente nuestra vida lo que tiene que cambiar y lo hace a partir de los conflictos que se generan cuando perseguimos metas que chocan y amenazan con convertirse en fuentes de frustración.
La ley del menor esfuerzo es uno de nuestros mayores enemigos, por cuanto lo que deseamos requiere ganas, entusiasmo y ansias suficientes para conducirnos a la acción.
La energía nos sobra, el poder encerrado en nosotros es incalculable pero dudamos y solemos consultar con las personas menos idóneas para darnos un consejo, entonces nuestras dudas crecen y nos da pereza hacer el esfuerzo extra que requiere emprender el paso previo a cubrir un sendero, una distancia hacia un logro.
El otro enemigo somos cada uno de nosotros, nuestra falta de confianza en nuestro propio poder y en la habilidad que adquiramos para dar una orientación a nuestros sueños, lo que siempre quisimos alcanzar, yendo de la imaginación al logro sin quedar por el camino con las manos vacías, con el riesgo de perder la gratificante lucha de hacer de mis sueños, mi destino.

Leopoldo Barrionuevo
[email protected]