De la locura a la cordura
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De la locura a la cordura

“Para trabajar en equipo, puede ser necesario dejar de trabajar en equipo”; con esta paradoja, el autor Alvarez de Mon insinúa una razón de los males que padecen algunas organizaciones, incluso deportivas. Cuando el pensamiento crítico y la individualidad se “anestesian” para priorizar la voluntad o caprichos de unas pocas personas, el riesgo de caer en crisis es alto.
En un ambiente de temor, de “inconveniencia” para expresarse o en el que se confunde discrepar con deslealtad, los resfríos se convierten en pulmonías. Estos son terrenos fértiles para decisiones irracionales, manipulación y superficialidad. En aras de no ser calificados como “problemáticos” y de no arriesgar beneficios, aquellos que podrían advertir rumbos equivocados se alejan de las discusiones. Así, poco a poco unos alineados se convierten en alienados, los cosas empeoran y el abismo se aproxima.
Los líderes deben gozar del apoyo de los miembros de la organización porque toman decisiones que son puestas en acción por todos. Pero si ese apoyo se transforma en obediencia y en transar la libertad de criterio, entonces allí germinarán las semillas del caos. Solo es cuestión de tiempo para arribar a un estado de cierta “locura”, desasosiego y multiplicación de decisiones que indican que, pese a las apariencias, algo va mal.

Un verdadero líder no es solo quien es seguido por los demás, sino quien guía con la brújula de valores edificantes hacia un destino ético y compartido. Además, reconoce sus limitaciones y se rodea de personas que desafíen su intelecto; bien le convendría asumir que sus compañeros son más inteligentes que él y dejarse ayudar. El trabajo en equipo entre seres pensantes conlleva respeto mutuo, análisis, apertura para innovar y sinergia de ideas, bajo margen de error en acciones y alta calidad de relaciones internas.
Así, se evaden situaciones caóticas cuando cada miembro es proactivo para vacunarse contra la pereza de pensar, mantiene la integridad de su pensamiento y asume su cuota de responsabilidad individual por el desempeño del equipo. Claro, asumiendo que todos comprenden que no es necesario llegar a situaciones de “locura” para tomar conciencia y regresar a la cordura. Es una pena, pero hay organizaciones que necesitan tocar fondo para recuperar su humildad y sensatez, lo que permite sacar de nuevo la mejor versión de sus miembros para volver entonces a la senda de lo correcto y del alto desempeño.

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