Alejandro Madrigal

Alejandro Madrigal

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Viernes 15 Julio, 2016

Entre las aulas y las calles


Para llegar a construir igualdad entre hombres y mujeres, se debe reconocer que en este momento no la hay y trabajar por ella

De feminismo y otras ideas

Cada día me encuentro con más personas de todas las edades que desconocen o creen saber, erróneamente, qué significa el concepto feminismo. O por qué existe un Día de la Mujer, el INAMU, o leyes con acciones afirmativas para defender a las mujeres de la violencia; pero no así un día, instituciones o leyes especiales para los hombres.
Primero que todo: feminismo implica igualdad. Igualdad de derechos, deberes, valor como persona y libertades. Feminismo no es la antítesis del machismo: una creencia de que la mujer es superior al hombre. A eso se le conoce como hembrismo. Me ha resultado común ver a tantas personas aventurarse a deducir qué significa el feminismo únicamente por cómo les suena la palabra, sin tomarse cinco minutos para leer un par de párrafos al respecto. El feminismo, como movimiento social y como corriente de pensamiento, posee cientos de autores que lo han desarrollado a lo largo de la historia y movimientos que han alimentado sus ideas. Implica ignorancia y negligencia que una persona se construya su propia idea poco fundamentada sobre un concepto tan trabajado.


“¿Pero por qué no le llaman humanismo en lugar de feminismo?”. El humanismo es otra corriente de pensamiento, también de suma trascendencia, pero con ideas que no pasan por romper las desigualdades de género, sino por anteponer lo humano a lo teísta.
El feminismo se llama así, porque parte de la discriminación y subordinación de la mujer a lo largo de la historia de la humanidad en prácticamente todas las sociedades y pretende su emancipación para alcanzar la igualdad. Si se quiere construir teoría que pretenda explicar y romper las desigualdades humanas, lo primero que hay que hacer es reconocerlas y visibilizarlas. La mujer a lo largo de la historia ha tenido un segundo lugar, subordinada, condicionada, objetivizada e ignorada. Se le ha puesto al servicio del hombre y conforme ha pasado el tiempo ha tenido que luchar por liberarse y alcanzar poco a poco los mismos derechos que los hombres. Y no, aún no los han alcanzado: aún hoy las mujeres ganan menos por el mismo trabajo, no tienen las mismas ventajas para alcanzar puestos de poder, se les carga mucho más las labores domésticas y de crianza, sus cuerpos siguen siendo vistos como objetos que venden, con frecuencia las niñas no reciben las misma crianza ni los mismos deberes que los niños; y son blanco de violencia, acoso y culpabilidad en una proporción decenas de veces mayor que los hombres.
El feminismo apareció para romper con estas y tantas otras injusticias que sufren las mujeres en mucha mayor proporción que los hombres. Si esto no se visibiliza, ni se ataca, con un movimiento de emancipación y empoderamiento de la mujer; sino que se pretende cobijar bajo un pensamiento abstracto e irreal de que todos ya somos iguales; seguiremos reproduciendo todo y no cambiaremos nada. En una frase: para llegar a construir igualdad entre hombres y mujeres, se debe reconocer que en este momento no la hay y trabajar por ella. Esa es la aspiración del feminismo. Y es por ello que existen herramientas institucionales, legales y simbólicas que priorizan a la mujer, como mecanismo para revertir inequidades e injusticias. Las estadísticas, el sentido común y la sociedad misma nos dicen que son las mujeres quienes necesitan dichas medidas. Entonces la próxima vez que alguien se pregunte por qué no existe día del hombre, o una institución particular para sus derechos, podríamos agradecer no necesitarlos.

Alejandro Madrigal