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Sábado 14 Enero, 2012


Parece que como sociedad hemos crecido sin desarrollarnos moralmente, es decir, requerimos de alguien que nos vigile, y hasta nos castigue

¿De cuánto es la multa?

Ya se escuchan los vítores de muchos conductores satisfechos porque se hizo justicia, una multa tan alta por una infracción no podía mantenerse por mucho tiempo. Ahora la señalización del límite de velocidad se volvió para ellos en una mera sugerencia.
No cuestiono una resolución que tiene sin duda un fundamento, pero es inevitable preguntarse, de inmediato, por las posibles consecuencias. Los antecedentes nos desnudan como una cultura preocupada más por el castigo, que por el acto mismo. ¿Qué pasa si excedo el límite de velocidad? ¿Pongo en riesgo mi vida y la de muchas otras personas? No, solamente puede ser que me cobren ¢5 mil. Bajo esa premisa todo está permitido, siempre y cuando tenga los recursos económicos requeridos para cubrir mis excesos.
No nos resulta extraño que un niño se rebele contra sus padres y coma a escondidas más dulces de los que le permiten, pero suponemos que al crecer todos aprendemos a controlarnos.
Sin embargo, parece que como sociedad hemos crecido sin desarrollarnos moralmente, es decir, requerimos de alguien que nos vigile, y hasta nos castigue.
Solo eso explica el por qué se disparan las infracciones cuando las multas disminuyen o las cámaras se apagan.
Crecer moralmente implica pensar más allá de mi propio gusto o beneficio, reconocer las pautas (no digo leyes) que nos permiten vivir en sociedad y, sobre todo, pensar en el bien del otro; aquella persona que cruza la calle, que conduce a mi lado o me espera en casa.
Por allí me dirán, que los límites de velocidad deben revisarse y hay que considerar el estado de las carreteras. Completamente de acuerdo. Pero no por eso debemos usar estos u otros elementos para justificar nuestro comportamiento.
¿Será la respuesta subir las multas nuevamente? No lo creo. Claramente habrá que ajustarlas, y cuanto más pronto mejor. Pero el tema de fondo es otro; es lograr que los costarricenses nos comportemos racionalmente cuando estamos tras el volante, con multas o sin ellas.

Rafael León