Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

Enviar
Lunes 18 Octubre, 2010


De chiripa o por pura guaba


El domingo 10 de octubre una avioneta con destino a Guatemala cayó en el río Torres pocos segundos después de despegar. Al llegar al lugar del siniestro las autoridades encontraron un gran cargamento de cocaína. El descubrimiento de la droga se dio de chiripa o por pura guaba.
A pesar de que hace más de 15 años se intentó impulsar un proyecto de ley para ampliar la revisión de los vuelos locales en el aeropuerto Tobías Bolaños, los dueños de los hangares y los aviones que allí se hospedan se opusieron y lograron impedirlo.
El director del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) afirma que estaba tras la pista de esta organización delictiva y asegura que el accidente adelantó la detención de los narcotraficantes. Sin embargo, la señora Presidenta cree posible que este caso no sea el único y declaró que “si no es por el accidente no nos damos cuenta”. O sea todo se descubrió de chiripa o por pura guaba.
Cuando el OIJ localizó la casa de donde provino la cocaína, las pruebas determinaron que el cargamento original debía ser de media tonelada. Faltan 300 kilos que —de chiripa o por pura guaba— las autoridades creen que se los llevó el río. ¿Será?
La avioneta salía una vez por semana, posiblemente desde hace un año, desde los aeropuertos Juan Santamaría, Daniel Oduber y Tobías Bolaños y —de fijo de chiripa o por pura guaba— nadie había sospechado nada.
Como nada sospecharon quienes le vendieron la compañía Aerolíneas Turísticas de América (ATA), cuyo presidente era el ex diputado Juan José Trejos, cuando un “empresario” mexicano les ofreció $500 mil pagados en cuatro tractos de transacciones bancarias. Lo canceló prácticamente en efectivo.
Aunque el señor Daniel Araya, ex director de operaciones de ATA que sí sospechó, les advirtió a los dueños de la compañía que no era conveniente la venta, que tenían otra oferta más segura de una escuela de aviación estadounidense, los propietarios insistieron en realizar la venta al mexicano. De chiripa o por pura guaba iban a ganar más dinero. Don Daniel, indignado, renunció.
Rubén Martínez Trujillo, el mexicano en cuestión, compró un boleto en una aerolínea comercial para supuestamente viajar a Guatemala. Así despistaría a las autoridades. En realidad iba a escapar por la frontera de Peñas Blancas con su asistente y un buen puñado de dólares.
A un sencillo oficial de policía, que en su terrenito siembra frijoles, maíz y plátanos, que no tiene perros adiestrados ni tecnología a su alcance y que no estaba informado de la persecución contra los narcotraficantes, le parecieron sospechosos estos dos hombres que llevaban equipaje sofisticado y se mostraron algo nerviosos por su presencia. Y aunque —¡por supuesto!— cuando se acercó a ellos intentaron sobornarlo, el anónimo sargento decidió cumplir con su deber, devolviéndonos la fe en la honradez, en la identidad casi perdida de los costarricenses.
De chiripa o por pura guaba el oficial los atrapó. De chiripa o por pura guaba los delincuentes se toparon con un costarricense pobre, honrado y digno.

Claudia Barrionuevo
[email protected]