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COLUMNISTAS


De cal y de arena

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 21 febrero, 2008


De cal y de arena

Alvaro Madrigal

En su desafiante conducta (todo un baldón) no está solo. El hampón colombiano recién deportado por su reiterada vocación delictiva, se dio el lujo de advertir que retornará a Costa Rica a delinquir de nuevo, atenido a que aquí todo es un vacilón. Muchos también lo ven así a la luz de la impunidad con que se desplazan. Muchos han puesto a prueba a instituciones dominadas por la atrofia muscular de la burocracia. Muchos han sacado ventaja de su disfuncionalidad, a la que han sido arrastradas por deliberado propósito de las políticas de nuevo cuño que redujeron al Estado a una mera expresión simbólica para posibilitar el laissez faire y laissez passer de los verdaderos dueños del poder político y económico. Es un mundo ideal para los pícaros y aves de rapiña de larga garra de que habló el Lic. don Cleto González Víquez en su prolijo estudio sobre los funestos empréstitos ingleses, cuya huella por desgracia no es única en la historia de Costa Rica. Resulta, pues, siempre pertinente y oportuna la advertencia hecha por el Dr. José María Castro en 1843 sobre “lo urgente que es tener un gobierno nacional respetable para que no seamos el juguete de cualquiera que se halle con fuerza para abusar”.

ALTERRA ha encontrado en el Estado costarricense ese juguete. Hace cuatro años debió entregar las obras de remodelación y ampliación del Aeropuerto Juan Santamaría. No lo hizo y suficientes razones hay acumuladas para desconfiar en que lo pueda hacer. Sus omisiones, señaladas una y otra vez en distintas instancias administrativas, no han sido bastantes para motivar los procesos sancionadores que hace rato debieron haber conducido a la rescisión contractual. Atónitos contemplamos cómo, más bien, se le abren espacios para que intente corregir lo incorregible y habilitar lo imposible, en una tolerancia pretextada por un ficticio temor a que se aleje la inversión foránea. Se alega la importancia de no dejar dudas sobre la vigencia del Estado de derecho, como si la sacralización de las leyes no es de obligada observancia para unos y otros. ALTERRA tiene ya cuatro años de rezago; el fiscal de la obra denunció en 2004 el pago de $83 millones por unas obras que solo valían $37 millones; en abril de 2005 una comisión investigadora del Consejo Técnico de Aviación Civil constató cuatro incumplimientos “graves” y pidió sancionarlos y liquidación contractual; la Contraloría de la República no halló el desequilibrio financiero que alegaba el concesionario y sí un propósito de incorporar a la relación contractual condiciones ajenas. Aún así, le dan más chance. Algún brujo de Escazú le dio el sortilegio que posibilita estas curiosas licencias.

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