Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 3 Enero, 2008

De cal y de arena

Alvaro Madrigal

Su vida es una coherente profesión de fe en la libertad, es un cruzado de las libertades de expresión y de prensa, allí donde ha interpretado que la ley reprime su ejercicio. Como es un asunto muy expuesto a la interpretación, sus posiciones y pretensiones han suscitado fuertes polémicas, lo que no impide que, por coherente, franco e íntegro, se le respete. Hablo del abogado Fernando Guier Esquivel, a propósito del ensayo “Elogio a la Rebeldía”, de reciente publicación y que recoge esas luchas, con resultados no siempre bien correspondidos por esa colectividad a la que ha servido con la apertura de más espacios para la libertad. De amena lectura, a los periodistas revive acontecimientos y debates con los que de alguna forma nos sentimos involucrados y también distanciados de unas cuantas posiciones del Lic. Guier. Cuando Fernando vio que para ejercer el periodismo la ley imponía que los profesionales de la comunicación debían ser miembros de un Colegio, elevó el caso hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la que obtuvo sentencia que declaró tal obligatoriedad como contraria a los preceptos del Pacto de San José. De igual modo lleva su signatura la inconstitucionalidad declarada por la Sala Cuarta de las normas del Código Electoral que concedían a pocos círculos el privilegio de ejercer la libertad de expresión en ciertos momentos precedentes al día de las elecciones. Ha peleado reciamente por la despenalización de la práctica abusiva del periodismo y para circunscribir las responsabilidades al ámbito civil. También por eliminar la figura del desacato y para tratar de introducir la teoría de la “real malicia” por la cual se revierte la carta de la prueba y se obliga a quien se da por ofendido en una gacetilla, a demostrar que quien la redactó obró con conocimiento de su falsedad o con temerario desprecio a la veracidad, del mismo modo que para amparar la legitimidad de la “reproducción fiel” de material publicado por terceros. Muy sonado fue su triunfo profesional en el caso del periodista Mauricio Herrera, expediente del que también se derivan importantes reformas al recurso de casación en juicios de prensa. Yo no comparto sus posiciones sobre la colegiatura obligatoria, sobre la reversión de la carga de la prueba que va inserta en la teoría de la “real malicia” ni sobre las virtudes de la “reproducción fiel”. Pero le admiro la tenacidad de sus peleas.
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Creo que su lucha por las libertades no ha sido lealmente correspondida por los usufructuarios empresariales de los espacios jurídicos rescatados por Guier. Quizá me equivoque pero veo que cuando él habla de lo utópico y lo irreal que resulta a veces el ejercicio de ellas, sugiere una crítica a la deformación del sentido de estas libertades. Ya lo dijo aquella sentencia de la Corte Suprema de Estados Unidos en un sonado caso sobre los alcances de la libertad de expresión: “La primera enmienda de la Constitución garantiza el libre ejercicio de la libertad de expresión, lo cual no significa que permita que ella sea restringida por intereses particulares”. Por ahí está, también, la lucha del Observatorio de la Libertad de Expresión.