Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 29 Noviembre, 2007

De cal y de arena

Alvaro Madrigal

Qué modelo de sociedad está surgiendo en este país y cuán estable, segura y solvente puede ser la versión de su progreso material (evidenciado de mil formas) fue cuestión que se planteó insistentemente a lo largo del debate habido a propósito del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y sus efectos limitantes de las competencias del Estado solidario construido durante décadas. Fue un esfuerzo vano porque la polarización tan marcada llevó a la descalificación o a la evasión: o se negó autoridad y pertinencia para tocar el tema en el contexto del TLC, o sencillamente se evadió discutirlo. Error grave, pues el asunto hace parte del amplio catálogo de tareas pendientes en la definición del rumbo del país. Afortunadamente el guante lo recoge el XIII Informe sobre el Estado de la Nación, recién publicado, donde este tema tiene prominencia en medio de la amplitud y profundidad de la agenda de esta radiografía de la sociedad.
En efecto, como que en 2006 suenan las alarmas por la dimensión que alcanza la desigualdad social en el marco del comportamiento de los índices de pobreza que si bien son menos graves por algunas medidas impulsadas en este gobierno, dejan en pie la duda de su sostenibilidad. “La situación del 2006 —apunta el Informe— llama la atención acerca del tipo de progreso que las y los costarricenses quieren como nación... Aquí el crecimiento económico se está traduciendo en aumentos en la desigualdad absoluta. No sólo no todos mejoran, sino que —recalca— los más vulnerables están atrapados en la exclusión mientras pocos sectores registran acelerados progresos”.

El país se ha abierto, la economía está creciendo, las exportaciones son exitosas, a la vez que el Estado ha perdido buena parte de sus potestades y ello se refleja en el área de las políticas distributivas. Por abatir el déficit fiscal y en obsequio de la estabilidad económica se victimaron los programas de asistencia social e infraestructura al punto de que desde 1990 y salvado el caso de las pensiones no contributivas, casi no hay mejoras. La desigualdad social se ha acentuado peligrosamente y topa de lleno en un “núcleo duro de pobreza” constituido por hogares en situación de exclusión social (14% del total). El Informe advierte sobre los incrementos en la desigualdad absoluta: no sólo no todos mejoran sino que los más vulnerables están atrapados en la exclusión mientras pocos sectores registran acelerados progresos. O sea, marchamos hacia el modelo del vecindario ístmico.

El presidente Arias —lo planteó en la noche del 7 de octubre— se compró esta bronca. La holgura presupuestaria que existe hoy y a la que está apelando para sostener los incrementos en el gasto social, es finita. Para abatir la pobreza y la desigualdad, tendrá que demostrarle al país hasta dónde llega su autonomía política para con una reforma tributaria que lleve la carga contributiva a niveles racionales, donde quien más tiene más ha de pagar y más ha de contribuir al desarrollo económico con justicia. Después de toda la vorágine, volveremos a las recetas propias del Estado Social de Derecho. Gracias que no han conseguido echar al suelo el Título V de la Constitución Política, “Derechos y Garantías Sociales”.