Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 6 Septiembre, 2007

De cal y de arena

Alvaro Madrigal

Dentro de las apariciones y milagros que va legando el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, destaca el cambio de personalidad del presidente Arias. Hoy hace ostentación de simpatía y donosura en sus giras —impensable antes, cuando hablaba del águila y los caracoles— por toda la geografía patria, con inédito desprendimiento de recursos públicos (bonos de vivienda, pensiones, ayudas escolares, títulos de propiedad, puentes y carreteras, bicicletas, caballos y pangas), en medio de una expansión del gasto dirigido a obras materiales del 195%, sin contar ahí la generosidad para con don Guyón. Es un efecto inesperado, virtuoso, del TLC. Como no lo es la presencia en las giras del mandatario de una fauna gorilesca proclive al matonismo. Ni la selección escrupulosa de un público para que le acompañe, le reciba y le aplauda. ¿No verá la deformación de la realidad que entraña?

Apariciones y milagros legados por el TLC son también los artilugios del vicepresidente Casas para establecer, en un debate público al que concurría, un paralelismo entre Alberto Fujimori cuando descalificó las instituciones democráticas ante los retos del desarrollo y luego dar el golpe de estado en Perú, y la izquierda costarricense que proclamó la inutilidad institucional costarricense. Olvidó don Kevin que don Oscar fue el que aquí habló del agotamiento de las instituciones y de la opción de la dictadura en democracia. Otro milagro: las piruetas del Ministro de Comercio Exterior en un debate televisado, cuando mutó una carta del gerente de la Cooperativa Dos Pinos en la que se expresaba un reconocimiento a la negociación habida sobre lácteos dentro del Tratado, para presentarla como adhesión y aval al TLC, siendo —como lo es noticia pública— que la comunidad societaria en esta empresa está bien dividida.

Milagro pendiente: la definición de la Conferencia Episcopal Católica sobre las implicaciones del TLC en equidad, justicia y solidaridad, vista la declaración de monseñor Hugo Barrantes a “Universidad” (10/V/07) en que puntualizó que si bien a la Iglesia no le corresponde meterse en lo técnico y lo político, sí le cabe hacerlo en la comprobación de equidad, justicia y solidaridad. “¿Favorece (el TLC) el bien común, favorece las mayorías?”, preguntó el prelado. Y como otro obispo (monseñor Sancasimiro) en entrevista a TV6 previno acerca de las descalificaciones al Tribunal Electoral, cabe preguntarle qué le parece la percepción dominante entre los ciudadanos de que esta entidad vive bajo importante influencia de los partidos políticos, de la presidencia de la República y de la Asamblea Legislativa. En la encuesta de mayo de la Escuela de Estadística de la UCR un 53,5% de la consulta cree que los partidos influencian al TSE, un 50,5% cree que lo hace la presidencia de la República, un 47,9% la ve en el Congreso y un 36,7% en los medios de comunicación. Se trata de una percepción demasiado generalizada como para tenerla como inocua. Pregunto: ¿qué ha hecho o dejado de hacer el Tribunal para que los ciudadanos presuman esa influencia, motivo de descalificación? ¿No es razón para una rectificación?