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Cumbre del G8 termina con pactos difusos

Posiciones distantes de los líderes del grupo impidieron acuerdos sustanciales

Toyako, Japón
EFE

La cumbre anual de los países más poderosos (G8) terminó ayer con palabras como “éxito” o “avances” en boca de sus líderes, aunque las posiciones distantes que traían en muchos temas no permitieron acuerdos sustanciales.
El logro que la mayoría de los países ricos agitó al término de la cumbre fue el acuerdo para reducir a la mitad la emisión de gases de efecto invernadero para 2050 y la búsqueda de “objetivos ambiciosos” a un plazo más corto, pero las organizaciones ecologistas lo valoraron en general como “un fracaso”.
George W. Bush, presidente de Estados Unidos, se despidió de Japón asegurando complacido que el G8 ha logrado “éxitos significativos en cada una de sus metas”, entre ellas que se hayan comprometido a “recortes profundos” en las emisiones de CO2 países como la India y China, junto a otras seis economías avanzadas.
La estrella fue el cambio climático, aunque infinidad de temas sobrevolaron las tres jornadas de la cumbre de Hokkaido, como los crecientes precios del petróleo, la crisis del mercado alimentario o las sanciones a Zimbabue.
Este último asunto, el de las sanciones al régimen de Robert Mugabe, quedó en cierto modo aplazado hasta la próxima reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, aunque Estados Unidos y el Reino Unido mostraron su claro deseo de castigar a Zimbabue.
La UE y Japón llegaron con la intención de arrastrar a Bush a un cierto grado de compromiso y tanto el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, como el primer ministro nipón, Yasuo Fukuda, proyectaron ayer la sensación de volver a casa con la misión cumplida.
En una rueda de prensa multitudinaria como presidente de la cumbre de Hokkaido, Fukuda sugirió que el acuerdo para recortar a la mitad de las emisiones alcanzado en Hokkaido tiene como referencia los niveles de CO2 que se emiten en la actualidad.
Aunque la UE desea partir de los niveles de 1990, Barroso consideró que el pacto que terminó de salir de la cocina del G8 es un “notable progreso”.
Eso sí, el representante de las instituciones europeas apuntó que aún queda “mucho trabajo por delante”, justo antes de abandonar “con buen espíritu” el hotel protegido por 20 mil policías y decenas de vehículos militares junto al que se ha celebrado la cumbre.
Por su parte, el británico Gordon Brown, visiblemente satisfecho, aseguró que esta cumbre había sido “única”, tanto por su formato integrado por una veintena de países, como por los temas tratados.
La imagen que proyectaron los líderes más poderosos fue de concordia y entendimiento, pero Fukuda afirmó que durante la cumbre las conversaciones fueron francas y que en algún momento se llegaron a “cruzar espadas”.
Sin embargo, según Fukuda, “todos los miembros del G8” superaron sus diferencias para alcanzar acuerdos.
La inflación y los altos precios del petróleo y la “preocupación” que provocan en los líderes del G8 fueron otro de los temas estrella de la cumbre, con el foco sobre el presidente ruso, Dmitri Medvedev.
Medvedev, que protagonizó uno de los escasos exabruptos del día cuando afirmó que Rusia responderá al pacto antimisiles firmado el martes por Estados Unidos y la República Checa, anunció que su país aumentará la producción de alimentos para combatir la crisis actual.
Los países del G8 han acordado en esta cumbre animar a países petroleros a que produzcan más y enfatizaron la necesidad de que aumenten la capacidad de refino, con el objetivo de que una oferta ampliada pueda satisfacer la creciente demanda internacional. Durante su comparecencia final, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, comenzó ya a hablar sobre la cumbre del G8 del año que viene que organizará su país en Cerdeña.
Berlusconi anunció que mantendrá un formato similar para el año que viene en una cumbre en la que un día completo estará destinado al diálogo entre el G8 y los que “ahora llaman países emergentes”: China, la India, Brasil, México y Suráfrica.

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