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La tala ilegal de árboles en el país es una conocida realidad que ocurre por la falta de adecuadas y suficientes acciones de control

Cuidar el tesoro del bosque virgen

La reforestación es un negocio redondo para Costa Rica. Algo que se ha intensificado desde mediados de la década de 1980, cuando se comenzó a tomar conciencia de la deforestación, según informa una nota de este medio hoy.
Sin duda, una buena noticia; es bueno para el medio ambiente. Además las plantaciones forestales y el uso de esa madera generan riqueza y empleo; según parece, buena parte de los puestos de trabajo se dan en las áreas económicamente más deprimidas del país.
Se plantan en el territorio nacional unos 7 millones de árboles al año y es el Instituto Costarricense de Electricidad el mayor reforestador. Una tarea que debe continuar, asumida por toda la población en general, por lo que significa no solo en cantidad de árboles y por lo tanto beneficio directo para el ambiente, sino porque con el ejemplo de la reforestación se está brindando la mayor enseñanza posible a las nuevas generaciones: la enseñanza con el ejemplo.
Y como parte de esas enseñanzas, debe enfatizarse también el daño que se hace a Costa Rica (con su prestigio internacional por la conservación), al ambiente y a la cultura, con la actividad ilegal que es otra realidad y que va en el sentido contrario.
La tala ilegal de árboles en el país es una conocida realidad que ocurre por la falta de adecuadas y suficientes acciones de control. Existe un faltante en lo que se refiere a recursos materiales y humanos destinados a vigilar e impedir la corta de árboles no autorizada en Costa Rica y hace falta la voluntad política para enmendar este problema que, en general, va a contrapelo con el anhelo de la mayoría de la población, claramente deseosa de conservar la naturaleza y especialmente el bosque.
En cuanto al bosque virgen, la más importante riqueza natural del país junto con sus fuentes de agua, es poco ya lo que resta y sobra decir que sobre él deben estar las mejores acciones de protección. La pérdida de bosque virgen es irrecuperable y a conservar lo que queda en el país deben encaminarse los esfuerzos y el compromiso de la población y muy especialmente de las autoridades.
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