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Cuento nupcial estandarizado

• Floja comedia romántica, no tiene méritos más allá del carisma de su intérprete masculino

Quiero robarme a la novia
(Made of Honor)
Dirección: Paul Weiland. Reparto: Patrick Dempsey, Michelle Monaghan, Kevin McKidd, Kadeem Hardison. Duración: 1.41. Origen: Inglaterra-EE.UU. 2008.
Calificación: 4.

La comedia romántica es una las categorías más antiguas y populares del cine. También es una de las más codificadas y predecibles. En ella, se pueden identificar varios filones o subgéneros, según el punto de vista que las películas adoptan para relatar los pormenores de una unión sentimental.
Algunas enfocan el primer encuentro y el proceso de acercamiento entre dos almas; otras abarcan los altibajos de una relación a través del tiempo. Las más tradicionalistas giran alrededor de un evento específico: el matrimonio, como ceremonia pública, usualmente ostentosa y llena de glamour, mediante la cual se oficializa un vínculo íntimo, ante autoridades civiles o religiosas.
Significativamente, en los últimos tiempos estos cuentos nupciales han vuelto a estar de moda. Entre ellos, “Quiero robarme a la novia” es uno de los más estandarizados y vacuos. La única razón por la cual sobresale es el indiscutible carisma de Patrick Dempsey, apuesto actor en grado de robar muchos suspiros a las damas presentes en la sala.
Dempsey encarna a Tom Bailey, soltero codiciado y experto seductor. Su mejor amiga es la bella Hannah (Michelle Monaghan, actuando sin pena ni gloria), a quien conoce desde la época universitaria. Cuando Hannah se va de vacaciones a Escocia, Tom comprende por primera vez que ella es la mujer de su vida y decide pedirle su mano. Para su gran sorpresa, a su regreso Hannah le presenta un joven británico, noble y adinerado, con quien planea casarse en 15 días. Como si fuera poco, Hannah le pide a Tom que la acompañe a Escocia, para servir como “dama de honor” en su inminente boda.
Patrick Dempsey tiene 42 años y ha trabajado en cine y televisión por más de dos decenios. No obstante, ha sido su participación en la exitosa serie “Grey’s Anatomy”, lo que ha revitalizado su carrera. “Quiero robarme a la novia” termina de consagrarlo como galán. Nadie podría negar su presencia fotogénica, pero eso es todo lo que la cinta ofrece, además de ciertos hermosos paisajes escoceses, que parecen patrocinados por algún ente de turismo.
El guion es tan insulso y trillado, que cualquiera adivina con antelación todos sus giros. Es solo cuestión de tiempo, para que en pantalla ocurra lo inevitable. El argumento de “Quiero robarme a la novia” podría resolverse en minutos. En cambio, la obvia conclusión es postergada, dejando espacio a escenas de relleno, con personajes secundarios que no aportan nada, interludios pasionarios que lucen falsos y diálogos que no causan gracia.
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