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Cuando los hijos quieren ser vegetarianos
Adoptar una dieta vegetariana es un proceso que requiere atención por parte de los padres, ya que estudios han demostrado que en algunos casos lo único que buscan los menores es perder peso
Algunos padres entran en pánico cuando sus hijos les dicen que no quieren comer carne, ya que las dudas para quienes no están en contacto con una dieta vegetariana comienzan a surgir.
Lo que tienen que hacer es informarse sobre cómo ayudarlos en la transición, algo que no será difícil si ellos ya tomaron la decisión, a criterio de la nutricionista Angélica Montoya.
Sin embargo, con niños y adolescentes lo primero que se debe indagar son las razones del cambio.
“Para muchos adolescentes, el vegetarianismo puede ser una forma socialmente aceptable de evitar ciertos alimentos y perder peso, además una alternativa a la que muchos padres no se oponen si sus hijos expresan preocupación por matar animales”, comentó la nutricionista Rebeca Hernández.
En una investigación reciente llamada Proyecto EAT-II, en la que participaron 2.516 jóvenes de entre 15 y 23 años, se dio a conocer que el 4,3% se clasificó como vegetarianos, un 10,8% como ex vegetariano y el resto carnívoros.
Los investigadores encontraron que aproximadamente un 20% de los que se reportaron como vegetarianos presentaba desorden de atracón, con relación a solo un 5% del grupo de carnívoros.
A la vez el 25% de los vegetarianos de entre 15 y 18 años, y 20% de los ex vegetarianos de la misma edad, practicaban con frecuencia medidas extremas de control de peso, como tomar pastillas, laxantes, o forzarse el vómito.
Solo uno de cada diez que consumían carne reportaba estas conductas, informó Hernández.
Además en el grupo mayor de 19 a 23 años, se estimó que sí puede ser realmente un estilo de vida.
Por eso se recomienda estar atento si sus hijos le expresan esta decisión, tiene que poner atención a la pérdida de peso importante en un periodo corto de tiempo, si tienen obsesión con las medidas, acompañado de inconformidad con su cuerpo pese a estar en su peso normal e incluso por debajo este.
Otra señal peligrosa es la obsesión con el contenido de calorías y grasas de las comidas, el ejercicio, idas frecuentes al baño después de comer, así como otros signos más extremos como la pérdida del cabello y palidez, mareos y dolores de cabeza constantes, entre otros.
Si no capta ninguno de estos signos, entonces debe guiarlos hacia nueva dieta saludable.

Melissa González
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