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Viernes, 29 de mayo de 2020



COLUMNISTAS


Cuando hay terremoto se protege la gallina de los huevos de oro

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 11 mayo, 2020


Lo más grave que vivimos es la amenaza a la salud y a la vida del virus SARS-CoV-2. Pero a la par de este grave problema sanitario sufrimos un verdadero terremoto económico. Por eso debemos tener especial cuidado en proteger nuestro aparato productivo. Debemos actuar hoy de manera que mañana la producción, el empleo y los ingresos de las familias se puedan recuperar con la mayor rapidez posible. Para eso debemos proteger las empresas que actúan en nuestro régimen de Zonas Francas. No es tiempo para arriesgar la vida de la gallina que pone huevos de oro.

Para nosotros el cataclismo económico que se nos presenta para el resto de este año y al menos los dos siguientes es de magnitud inusual por la muy precaria situación fiscal, el alto endeudamiento público, el muy lento crecimiento económico y los crecientes y altos desempleo e informalidad con los que arrancamos el año. Ello requiere un manejo muy cuidadoso de todas las acciones que ahora se toman, para evitar aún mayores costos sociales. Las estimaciones del BCCR suponen una apertura a partir del segundo semestre de las actividades productivas hoy cerradas. Aun así, con base en ellas y después del crecimiento proyectado para el año entrante, a finales de 2021 tendríamos un PIB per cápita menor en 3,4% al del año pasado.

Tengo claro el orden de las prioridades, primero salud y vida, luego asistencia a las familias con mayores necesidades, y en tercer lugar desde ya prever y actuar en favor de la reconstrucción de la economía. Pero no por ocupar el tercer lugar se puede desatender este aspecto. Ello crearía gravísimas consecuencias sociales e incluso podría llegar a generar dificultades políticas y a enturbiar nuestra paz, haciendo aún más difícil la recuperación.

Las políticas redistributivas se deben aplicar sobre los ingresos y el consumo de las personas físicas sin afectar negativamente la eficiente utilización de los recursos por el sistema productivo. Las empresas no son consumidores. En la muy grave contracción económica que vivimos es de justicia que todos participemos del empobrecimiento y que para ello se puedan redistribuir las cargas entre las personas afectando a quienes tenemos mayores ingresos. Pero no hay justificación alguna para afectar negativamente las posibilidades de producción.

No soy ajeno al serio problema que representa para nuestra economía el sistema dual de producción que impera. Habría sido más feliz si a principios de este siglo la Organización Mundial del Comercio no hubiera prorrogado la facultad de establecer Zonas Francas para propiciar las exportaciones, y nos hubiera permitido emigrar a un sistema similar al de Irlanda de bajos e iguales impuestos para todas las empresas, tal como teníamos previsto hacer. Pero así no fue y debimos continuar con el sistema vigente pues de lo contrario las empresas se habrían asentado en otros lares.

Hace ya tiempo, varias personas venimos señalando que se requieren cambios estructurales que nos permitan modificar el modelo de promoción de las exportaciones y de la inversión externa para que se privilegie la innovación y la productividad. Para acabar con la dualidad económica que vivimos, es necesario subir gradualmente el impuesto a la renta de las empresas en Zona Franca y simultáneamente bajarlo a las demás. Pero eso solo es posible hacer sin afectar la inversión y nuestro crecimiento económico, con cambios estructurales que bajen nuestros muy altos costos de producción.

Ese cambio se debería dar cuando las condiciones permitan hacerlo con tranquilidad y muy reflexivamente. No se abre el motor de un bote que está operando bien para repararlo en medio de un huracán. El cambio al régimen de Zonas Francas no se debe intentar cuando está tan deteriorado el sistema productivo como ahora. Sería agravar la pérdida de ingresos y de empleo que ya tan seriamente empobrece y limita a cientos de miles de personas.

Por otra parte, no todas las empresas que operan en Zona Franca están pasando un buen momento. Muchas han visto interrumpido su acceso a bienes intermedios y otras reducida la demanda por sus productos. No todas son Amazon. Incluso en el clúster de implementos médicos se han visto afectadas negativamente las empresas que producen bienes que se utilizan en intervenciones de salud que los usuarios escogen cuando efectuar.

No es hora de arriesgarnos a que se vayan empresas establecidas en el país que generan buenos empleos formales, con salarios altos, que compran una cantidad muy importante de bienes y servicios a productores nacionales (47%) y que representan la mitad de nuestras exportaciones. Ver mi artículo “Zonas Francas: Beneficio para el país” publicado el pasado 5 de enero en www.rodriguez.cr.

Más bien es hora de promover que las empresas que han visto negativamente afectados sus suministros de bienes intermedios vean a Costa Rica como una muy atractiva alternativa para ubicar su fabricación. Pero ello depende muy importantemente de que nos consideren un país serio y seguro.




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