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¿Cuál es su respuesta?

Responda estas tres preguntas sin avanzar a la siguiente antes de completar cada una. Primera: ¿Poseen usted y los miembros de su equipo capacidades y conocimientos para hacer mejor las cosas que como las están haciendo ahora? Si responden no, entonces ya alcanzaron su máximo nivel de rendimiento y es poco lo que podrán mejorar. Una respuesta afirmativa, en cambio, significa que hay terreno por recorrer en la calidad del desempeño.
Segunda pregunta: Entonces, ¿por qué no están usando esas capacidades? Aquí surgen razones, justificaciones y excusas; pero lo cierto es que hay un arsenal de habilidades enclaustrado que no se está desplegando a favor de los intereses del equipo. Mientras esas puertas no se abran, no habrá un futuro más próspero.
Tercera, ¿cómo sería su equipo si se usaran esos talentos? Indudablemente lograría metas más desafiantes y una identidad sólida; tendría grandes oportunidades de desarrollo y un clima de trabajo estimulante y futurista.
No es la competencia externa lo que más frena el crecimiento de las organizaciones, sino la incompetencia interna para derribar muros entre personas, viejos modelos de gestión, prejuicios, temor a la innovación y los desgastantes juegos de poder. El talento ya está en el equipo, pero es prisionero de conductas o procedimientos dirigidos por egos sin visión, o mentes sin compromiso con un ideal superior a los intereses de unos pocos.
El escritor Sanborn sugiere cuatro principios para alcanzar altos niveles de desempeño: (a) Todos, sin excepción, marcamos una diferencia, (b) el éxito se basa en relaciones, (c) debemos crear valor para los demás sin que cueste un centavo, y (d) reinventarnos con regularidad. Dar lo máximo ahorra recriminaciones, frustraciones y decepciones; genera pasión, cohesión, alegría y el disfrute de la adrenalina de ir siempre por más. Todo depende de la voluntad para quitar los candados a las ya existentes capacidades.
Con solo que usted se atreva a usar sus talentos para marcar una sana diferencia, el efecto dominó se iniciará y otros le seguirán. Si falla en el primer intento, aprenderá qué necesita para el segundo, pero ya el camino estará marcado y nadie le detendrá en su afán por hacer las cosas al máximo nivel. La recompensa será, en ocasiones, alguna medalla, pero en todas, su propio aplauso íntimo.
¿Cuál es su respuesta al reto de hacer mejor su trabajo en el equipo?

German Retana
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