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Miércoles, 12 de diciembre de 2018



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Crónicas de una muerte anunciada: ¡Costa Rica, te van a matar!

Jorge Solano [email protected] | Martes 27 marzo, 2018


Crónicas de una muerte anunciada: ¡Costa Rica, te van a matar!

Muchos costarricenses ven de lejos lo que está ocurriendo en estas elecciones presidenciales, y es de entender, al ser Costa Rica la democracia más antigua del continente latinoamericano, léxico como: radical, conflicto y privación de derechos son ajenos a la idiosincrasia costarricense. Lo que quizás no se enseña en las aulas es que por diferencias en la forma de cómo lidiar la relación de política-religión se pueden desencadenar movimientos radicales, terrorismo e inclusive guerra civiles. Este fue el caso en Irlanda del Norte, donde las diferencias entre los religiosos protestantes y los republicanos católicos generaron un conflicto de aproximadamente 30 años, dejando como resultado miles de muertos, muchos de ellos civiles. El caso de Costa Rica es distinto, dado que el conflicto viene siendo más entre pseudoprogresistas y conservadores. Mas allá de si los homosexuales deben o no tener derecho a casarse, estas elecciones se han tornado en una legítima lucha de clases, la metrópoli versus la periferia, los estudiados (claro está, excluyendo el grupo de zopilotes que cegados por su voracidad por el poder, dejan todo valor humano de lado) versus los no-estudiados, en resumen Escazú versus Los Chiles.

Costa Rica era ejemplo de una nación, que si bien es cierto no es rica, se acercaba mucho al ideal de perfección. Inclusive, en una conferencia de paz para jóvenes en La Haya, Holanda, un colega sirio, me decía que para él, Costa Rica sonaba como un sueño, un lugar lejano e irreal que, en su contexto, no podía imaginar que existiera en el mismo planeta. Esos días en los que yo anunciaba orgullosamente mi país de procedencia en las aulas de las mejores universidades del mundo, y una reacción de asombro y admiración era de esperar, se acabaron.

El 5 de febrero Costa Rica perdió, el odio ganó, la burbuja se reventó, y el tan anhelado sueño de ser la Suiza Centroamericana se esfumó, ese día, más que nunca en la historia, calzamos con el estereotipo latinoamericano: ciudades desiguales, periferias aún más pobres, un iletrado déspota encabezando las encuestas y miles de feligreses siguiendo a falsos profetas. Quizás eso de los ranking del país más feliz del mundo se debían a un efecto muy simple, el tico promedio es feliz, pero no piensa, no analiza. Yo, compatriotas, como expone Kant, prefiero ser un hombre pensante, racional e infeliz, antes de caer en la utopía de una ignorancia feliz. Yo prefiero una Costa Rica racional y analítica antes que una Costa Rica “feliz” y ciega, dictada por lo que libros escritos hace millones de años consideraban como bueno o malo.

Aun ganando Carlos Alvarado, la Costa Rica tal como la conocemos está cada día más cerca de una muerte fatal: femicidios, narcotráfico, déficit fiscal, pobreza y hasta amenazas a la libertad de prensa parecen ser las advertencias de una muerte anunciada. Ya sea el discurso de un Alvarado por “restaurar” o del otro por “unificar”, Costa Rica necesita pasar de las palabras a los hechos, si no tal cual Santiago Nassar en Crónicas de una muerte anunciada, nuestro destino escrito está. Escuchemos las señales y no olvidemos que: “While there's life, there is hope” (¡Mientras hay vida, hay esperanza!). Por ahora Costa Rica sigue viva, aún hay mucho que usted y yo podemos hacer por salvarla, y aunque nos intenten callar jamás hay que olvidar que la historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Escrito por:

Jorge Solano
Politólogo graduado del Instituto de Estudios Políticos de París
@Jedusolano
[email protected]