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Lunes 14 Abril, 2014

El pueblo expresó en las urnas un secreto a voces: Quería ir por otro camino, guiado por otro grupo de hombres y mujeres


¡Crónica de una muerte...!

Corría un secreto a voces: los ticos anhelaban un cambio. El modelo y la orientación político-económica implementada en las últimas décadas, no eran del agrado de la gran mayoría costarricense.
Y a pesar de que sus defensores señalaron una y otra vez, logros no menos importantes como: diversificación económica, generación de empleos, inversión extranjera y apertura comercial, el aplastante triunfo del PAC fue la crónica de una muerte anunciada.
Pero, ¿cómo es que si el país se había posicionado tan exitosamente en el mundo según algunos expertos, los ticos rechazaron tajantemente en las urnas, la opción de continuar por el mismo camino?
La respuesta a lo mejor es difícil de entender.
Competitividad. Esta “incómoda” palabrita, a lo largo de la historia moderna de nuestros países, y casi que desde nuestra independencia, nos condenó a fracasar. Nuestra andanza por el mundo global, aunque algunos quisieran maquillarla comenzó mal. Fuimos en esencia proveedores de recursos naturales y exóticos para el mundo occidental, salvándonos de convertirnos en mano de obra esclava como sucedió en otro continente.
Competitividad se convirtió en obsesión y esta suele ser mala consejera, impulsándonos a buscarla como fuera. Quisimos saltar al desarrollo de un solo brinco, y el precio fue ensayar ocurrencias sin consultarnos si quiera.
Luchamos contra un mundo acostumbrado a menospreciarnos y darnos cátedra de todo, pero siempre desdeñoso y receloso, de que decidiéramos nuestro destino. Y en ese mar de desesperanza nuestro pequeño país, gracias al aporte de su pueblo y de grandes y visionarios, logró salirse cortando rabo y orejas, de esa ecuación perversa.
Teníamos la clase media más numerosa de Latinoamérica en proporción a la población del país. Un sistema de salud eficiente y quizás la democracia más sólida de la región, en uno de los países más seguros del continente. Pero de pronto giramos y quisimos ser “más competitivos”.
Comenzamos a pensar muy tropicalmente, que los buenos salarios, la protección del medio ambiente, la libertad sindical, el derecho laboral y la seguridad social nos restaban competitividad. Que la mejor forma de competir en la era global, era desmantelar el aparto estatal, convirtiendo sus funciones en “oportunidades de negocios”.
Descuidamos la educación, y de pronto teníamos más “universidades” per cápita que en los países desarrollados. La educación pasaba a ser otra oportunidad de negocios.
Vimos la inauguración de hospitales inaccesibles para la inmensa mayoría de los ciudadanos, mientras la salud pública se deterioraba, y hasta alguien sugirió convertirnos en una gran zona franca.
Cualquier crítica al modelo, constructiva o no, fue atacada sin piedad, y en la pasada campaña electoral “pareció normal” el surgimiento de los famosos e-mails o memorándums del miedo invitando a: “votar correctamente”.
La corrupción siguió agigantándose pero el costarricense seguía terco hablando de cambio, apoyado en el aporte valiosísimo de una prensa responsable, comunidades organizadas y bien informadas.
Llegaron las elecciones, y el pueblo expresó en las urnas un secreto a voces: Quería ir por otro camino, guiado por otro grupo de hombres y mujeres. Un camino más ético, moral y transparente. Al ganar la oposición, las expectativas sobre sus líderes quizás son demasiado altas, pero como dijo el poeta: “Ninguna sociedad había producido tantos desechos como la nuestra. Desechos materiales y morales” (Octavio Paz).

Pablo E. Brown Taylor

Abogado
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