Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 5 Febrero, 2015

Vemos a un partido acogotado desde adentro por un montón de ineptos, tránsfugas y arribistas


De cal y de arena

Crisis en el PAC y en el gobierno

Nacieron para morir, víctimas de la atrofia funcional que ellos mismos generaron a lo interno de su organización. En nuestra historia hay muchos partidos políticos con esta connotación de los que hoy se tiene una difusa referencia en los archivos del Registro Nacional Electoral.
Aparecieron para ocupar con oportunismo un espacio ante una coyuntura puntual, pero no echaron raíces ni pudieron derramar el virus pegajoso de una causa y un propósito. Recuerdo, por ejemplo, al partido Nacional Independiente que brotó dispuesto a sacar cosecha del hastío y los temores que dejaba la huella del partido Liberación Nacional. Cargado de plata y con las ventajas de una habilidosa campaña publicitaria captó buena parte del electorado. No dio para mucha carrera; su existencia fue efímera porque sus banderas dejaron de flamear y sus liderazgos se perdieron en un mundo de promesas que no supieron ni pudieron responder.


Es un caso muy distinto al del partido Acción Ciudadana, nacido a la vida política por la gracia de una inteligente plataforma preñada de voluntades con autoridad moral dispuestas a erradicar de los predios del Estado una ola de corrupción muy extendida y con una definición de tareas y objetivos de muy diferente signo al que marcaba a otros importantes conglomerados partidistas.
Tanto pegó que por poco frustra las pretensiones de Óscar Arias. Vinieron luego años muy azarosos que pusieron a prueba su capacidad de supervivencia. El PAC sufrió grandes convulsiones, en evidencia en sede parlamentaria. Pudo salir adelante. Y en este 2014 pudo capitalizar el gran hartazgo acuñado por tantas torpezas así en la gestión de los gobiernos liberacionistas como en el propio PLN, y por las virtudes innegables de un carismático candidato presidencial, Luis G. Solís.
Hoy, apenas transcurridos pocos meses del triunfo, el PAC se hunde en una profunda crisis de la que emergen evidencias fatales, como para apostar que se enrumba hacia un despeñadero del que no va a salir con opción a la victoria. Se impone un heroico cambio de rumbo —dirán algunos— pero las contradicciones internas, la pérdida de liderazgos, la incapacidad política para gestionar los temas de su gobierno y del partido, la fuga de respaldos partidistas de otras tiendas que le resultan indispensables para tomar decisiones, y la carencia —fundamentalmente— de objetivos, nortes, rumbos caracterizados con el poder de convencimiento requerido para construir conglomerados fuertemente válidos para adoptar decisiones y ponerlas en marcha, dan poco margen al optimismo. Es como un suicidio asistido.
Vemos a un partido acogotado desde adentro por un montón de ineptos, tránsfugas y arribistas, cuyas actuaciones van a arrastrar al gobierno del presidente Solís a una conflagración de la que saldrá muy mal herido. Para allá van. Y quien crea que esta astenia junto a la de los otros grupos no va a socavar el equilibrio social y político del país, es de un optimismo que yo quisiera compartir.

Álvaro Madrigal