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Crisis de mercados emergentes indican camino a Rusia

Bloomberg | Jueves 25 diciembre, 2014

La primera tarea inmediata de Rusia consiste en estabilizar el valor de su moneda, aliviar las presiones sobre sus reservas internacionales y restaurar el funcionamiento normal de su sistema bancario. AFP/La República


Crisis de mercados emergentes indican camino a Rusia

Para evaluar con qué rapidez y decisión supera Rusia sus dislocaciones económicas y financieras, los veteranos de crisis en los mercados emergentes pueden identificar tres problemas. El país debe lidiar como mínimo con dos y preferiblemente con los tres. En este momento, está afrontando sólo uno.
La primera tarea inmediata de Rusia consiste en estabilizar el valor de su moneda, aliviar las presiones sobre sus reservas internacionales y restaurar el funcionamiento normal de su sistema bancario. El gobierno ruso avanzó en este punto, junto con su banco central, elevando considerablemente las tasas de interés, inyectando activos líquidos en su sistema bancario y trabajando para persuadir a los exportadores rusos de ceder una parte mayor de los dólares que reciben.
Estas medidas son sólo estabilizadores temporarios, empero, no soluciones a largo plazo. Deben ser complementadas rápidamente por recortes en el presupuesto público y la adopción de medidas favorables al crecimiento que alivien los peligros de lo que ya es una perspectiva desagradable. A medida que tomen conciencia de la situación, los funcionarios rusos probablemente tomarán medidas más integrales.
La primera condición es necesaria –aunque insuficiente- para restablecer la calma económica y financiera. Rusia también debe ayudar en otros dos frentes, y es aquí donde la situación se torna rápidamente difícil.
El segundo problema se relaciona con el entorno operativo ruso. Hay poco que sugiera que los precios del petróleo repuntarán rápido de su notable caída –casi 50 por ciento desde junio. Por lo tanto, Rusia experimentará una reducción significativa de las ganancias externas y verá también menos inversión exterior directa para sostener su sector energético. Mientras tanto, el presidente Vladimir Putin no está dando a Occidente ningún motivo para levantar las sanciones que de manera lenta y efectiva vienen presionando a la economía rusa.
La tercera tarea tiene que ver con el acceso de Rusia a un “balance general externo” –es decir, una gran fuente de financiamiento externo.
La mayoría de las economías en crisis –ya sea en África, Asia, Europa Oriental o América Latina- han requerido la realidad o la consideración de un financiamiento externo considerable para sostener los ajustes en las políticas locales. Éste provino en gran medida de un programa del Fondo Monetario Internacional que, además de brindar apoyo financiero directo, aporta otro financiamiento oficial y capital privado.
Teniendo en cuenta las tensiones con Occidente por la injerencia en Ucrania, Rusia está muy lejos de conseguir ayuda del FMI o de otras fuentes externas creíbles. No tiene, por el contrario, más remedio que depender de su propio amortiguador de US$400.000 millones en reservas internacionales para cumplir múltiples objetivos.
Las metas incluyen estabilizar la moneda, garantizar los pagos de sus deudas externas, restablecer la liquidez en su banca, aliviar los efectos de una enorme contracción de las importaciones, frenar la fuga de capitales, conseguir refinanciamientos y nuevos préstamos. Es muy poco probable que todos estos objetivos puedan ser alcanzados a la vez sin reducir peligrosamente las reservas.
La experiencia de crisis anteriores en los mercados emergentes sugiere que para restablecer una calma económica y financiera duradera, Rusia debe hacer mucho más y no sólo en el frente de la política interna. Necesitaría un cambio de rumbo con respecto a Ucrania, abrir la vía a una renovada participación constructiva con Occidente y conseguir financiación externa. La lista no es desdeñable.
Hasta cumplirla, podemos prever períodos alternativos de dislocación financiera y calma temporaria. Se verán acompañados de rebajas en la calificación crediticia, una economía agravada, más inflación, controles a las importaciones y los flujos de capitales y déficits. En otras palabras, Rusia enfrenta un invierno especialmente oscuro.

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