Crisis de deuda griega tiene solución
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Crisis de deuda griega tiene solución
Grecia es un incumplidor de pagos crónico. Desde que se independizó del Imperio Otomano en 1832, el país ha pasado la mitad del tiempo en diferentes estados de incumplimiento de pago o de reestructuración.
En un momento a mediados del siglo XIX, Grecia estuvo en mora -es decir, no cumplió con las obligaciones de deuda- durante 53 años seguidos, según “This Time Is Different: Eight Centuries of Financial Folly” de los economistas Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff.
Si Grecia vuelve a dejar de pagar, esta vez será realmente diferente. Las finanzas del mundo están más unidas. Los instrumentos derivados oscurecen y a veces concentran los riesgos. Grecia está encerrada en una moneda única con otros 16 países.
Es posible que la economía global pueda tener suerte, y que un incumplimiento de pago griego sea un hecho menor. Pero también es posible que un incumplimiento de pago paralice a una cadena de economías vulnerables, entre otras, Irlanda, Portugal y Bélgica. La hipótesis de pesadilla: incumplimientos de pago por parte de España e Italia, que podrían arrojar a Europa a una recesión profunda.
Cuando los grandes bancos caen, como sucedió en 2008, los países los rescatan. Cuando los grandes países caen, no hay nadie lo suficientemente fuerte como para sostener la red de seguridad. “No emprender una acción decisiva podría propagar rápidamente las tensiones hacia el núcleo de la eurozona y derivar en grandes derrames globales”, advirtió el 20 de junio el Fondo Monetario Internacional, que no es precisamente ajeno a crisis de deuda soberana.

¿Puede evitarse el desastre? La respuesta es sí, porque la solución existe.
No se reduce simplemente a reprender a los griegos hasta hacerlos recuperar la buena salud, a la manera en que han venido presionándolos los burócratas de la UE en Bruselas.
Tampoco se trata de un plan que obliga a los acreedores a aceptar el pago estirado a siete años, como propiciaba hasta hace poco Alemania. Lo mejor de todo, el mundo ya lo probó antes -y funcionó.
La idea, que lleva meses circulando sin recibir demasiada respuesta de los responsables europeos, es absorber la deuda impagable de Grecia en el mercado abierto y cambiarla por bonos a largo plazo más costeables emitidos por un gobierno griego (presumiblemente) reformado.
Un acuerdo de este tipo, tomando como modelo el enfoque que ayudó a los países latinoamericanos a salir de crisis de deuda a comienzos de los años 1990, ahorraría dinero de Grecia a cambio, poniendo a la vez su deuda en las manos de inversores que quieran tenerla y no de quienes no pueden descargarla.
Vale la pena enfatizar que los inversores no son irreprochables. Por ir tras retornos elevados, ignoraron las señales de advertencia de que Grecia estaba desbordada.
Aunque lo que más les conviene a todos es alguna suerte de compromiso que evite el incumplimiento de pago, el avance hacia un acuerdo ha sido lento porque cada actor del drama griego tiene un incentivo para jugar fuerte hasta el último minuto.
El partido opositor Nueva Democracia de Grecia, que encabeza los sondeos de opinión para la próxima elección, se opone a hacer más concesiones a los acreedores y retiró su apoyo al primer ministro George Papandreou en el voto de confianza al que sobrevivió el 22 de junio.
Bajo la presión de la opinión pública alemana, Berlín está exigiendo a Grecia más recortes presupuestarios y ventas de activos, amén de un sacrificio compartido por los acreedores privados. El BCE dice que dejará de aceptar deuda soberana griega como garantía de préstamo si hay alguna señal de incumplimiento de pago. Y así sucesivamente.
Al igual que en los Estados Unidos, donde los legisladores están retirando el apoyo a un aumento del tope de la deuda federal para, de ese modo, ganar poder en las negociaciones destinadas a reducir el presupuesto, el riesgo es que alguien en el juego de la gallina calcule mal y sobrevenga el desastre.
Si Grecia no cumple con su pago, los especuladores volverán su atención a otros países vulnerables, lo cual hará bajar los precios de sus bonos y subir sus costos de endeudamiento.

Atenas, Bloomberg.

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