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Domingo, 20 de septiembre de 2020



FORO DE LECTORES


Crisis de credibilidad

| Viernes 14 diciembre, 2012


La de hoy es una crisis que se comienza a gestar con los amigos en las grandes bolsas de valores, inventando instrumentos financieros a la libre, que aun hoy pocos entienden


Crisis de credibilidad


La actual crisis económica mundial parece que va para rato, sin tener indicios de dar alguna tregua. Mientras tanto, los gurús económicos siguen haciendo sus cábalas; apostando en un principio ciegamente por la austeridad. Pero llevar a los ciudadanos al límite, para obtener resultados hasta hoy poco alentadores, ha demostrado que la faja no se puede zocar hasta ahogar, a quienes están haciendo a lo mejor “injustamente”, su mayor sacrificio. En Europa, la elección de Francois Hollande, quizás ha sido el primer aviso de que las cosas no pueden continuar igual. La novedad actual es que lo que se practicó en el pasado, especialmente en Latinoamérica, Asia y Africa, con tanta frialdad, hoy se debe aplicar en el corazón de algunas de las grandes economías de Occidente, y es aquí donde las cosas comienzan a no encajar. Porque mientras en las últimas décadas, los países ricos vieron casi insensibles: las cacerolas en Suramérica, la hiperinflación en Brasil, “oportunidades de negocios” en el colapso y miseria de los ciudadanos de la otrora URSS, la inmigración descontrolada de cientos de desesperados alrededor del mundo, y otras tristezas más; prefirieron seguir exigiendo medidas muy duras, pero “incuestionablemente necesarias”. No deberíamos olvidar con tan flaca memoria los malogrados programas de ajuste estructural en nuestra región, junto a los ensayos fallidos de recetas económicas importadas. En algún momento, países asfixiados expresaron a través de sus líderes su disconformidad con las medidas y ajustes exigidos, que prácticamente atentaban contra su soberanía, recibiendo todos por respuesta los mismos argumentos de siempre: Los estados son por definición ineficientes, hay que reducir su tamaño, la mayor parte de los funcionarios públicos son corruptos, o que era imperativo vender las empresas públicas eficientes, para darles oportunidad de negocios a los que “sí saben” porque las ineficientes, nadie las privatizó a menos que prácticamente se “regalaran”. Ahora bien, lo particular de la crisis actual es que la misma no es exclusivamente el producto de: gobiernos corruptos, sindicatos irracionales, o ciudadanos perezosos o poco productivos. La de hoy es una crisis que se comienza a gestar con los amigos en las grandes bolsas de valores, inventando instrumentos financieros a la libre, que aun hoy pocos entienden. Los bancos fomentando las hipotecas basura, y ¡hoy sabemos!; poniéndose de acuerdo para manipular tasas de intereses a nivel internacional. Las agencias calificadoras de riesgo convertidas en “un riesgo”, la desregulación venerada como el caballo de batalla del progreso y la falta de transparencia en los negocios y en el diario vivir como algo normal. El lobby, el tráfico de influencias, los intereses ocultos y alguna prensa influyente, cómplice de callar todo, cuando ideológicamente le convenía a sus intereses. En fin, una terrible crisis de credibilidad en todos los niveles, donde todos fuimos responsables, y que finalmente desemboco en un caos mundial. Pero cuando explotó, fue el mismo estado complaciente y negligente, y quien durante años hizo la vista gorda con sus deberes, el llamado a acudir al rescate: nacionalizar las pérdidas y los bancos, salvar grandes empresas, y buscar cómo crear nueva legislación que protegiera a los más vulnerables. Algo así como desandar lo andado, sacrificando al ciudadano de a pie, por una crisis en la que no tenía tanta vela. En la turbulencia actual seguimos buscando soluciones y respuestas, pero quizás estemos confirmando lo que ya nos había advertido alguna vez el poeta Octavio Paz: “La enfermedad de Occidente, más que social y económica es moral”.

Pablo E. Brown Taylor
Abogado
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