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Viernes 4 Enero, 2008

Criminalidad y propuestas racionales


El pasado 29 de diciembre se publicó en este medio la opinión del diputado Luis Antonio Barrantes Castro, jefe de fracción del Movimiento Libertario. Dicho señor expresó que “el tema de la seguridad ciudadana es de permanente preocupación y conversación entre las personas, pues nos sentimos amenazados por los delincuentes de toda clase” y, emulando un editorial anterior de este mismo diario, agrega: “¿Por qué no considerarlo emergencia nacional y tomar las medidas urgentes para frenar algo que nunca debió nacer...?” .
Asimismo, este articulista aboga por la urgente necesidad de que en el seno legislativo se apruebe su iniciativa de crear una Comisión Especial de Seguridad Ciudadana, con el fin de que esta estudie tiempo completo la problemática de la delincuencia y —como él lo indica— se aprueben las leyes necesarias para enfrentarla.
No obstante las válidas preocupaciones y buenas intenciones de este legislador, me preocupa sobremanera que se le diga a la población costarricense —con absoluta ligereza— que a través de más leyes (y probablemente con reformas penales más severas) se detendrá el problema de la delincuencia.
Enviar este tipo de mensajes confunde a la opinión pública y se sume una misión que es realmente imposible de cumplir. Ninguna sociedad en el mundo ha erradicado el problema de la delincuencia, ni siquiera las superpotencias, y los pocos países que poseen niveles delictivos muy bajos es porque su realidad socioeconómica es muy distinta a la nuestra, con una distribución equitativa de la riqueza y, muy importante, se trata de sociedades que asumen como esencial la prevención y no la represión.
Como lo demuestran cientos de estudios criminológicos, el problema de la criminalidad en las sociedades latinoamericanas posee raigambres muy profundas y de diversas índoles, por lo que encomendarle la solución de esta situación a la creación de más leyes conlleva a la reiteración del mismo tratamiento político criminal que en el seno legislativo se ha aplicado por años con un absoluto fracaso.
Por esa razón no comprendo por qué los políticos insisten en abarrotarnos de leyes penales más severas cuando está demostrado que estas han sido un fiasco en su intento por frenar o erradicar la delincuencia. Cada vez que en los medios de comunicación se expresa preocupación por el aumento de la delincuencia o la inseguridad ciudadana, surge algún político proponiendo más leyes y —generalmente— leyes más severas.
¿Es que acaso los políticos creen que los ciudadanos padecemos de Alzheimer y olvidamos que ese mismo discurso politiquero se viene repitiendo por años sin éxito? Ya es hora de que busquen soluciones racionales e integrales para disminuir lo más posible este problema, bajo la clara convicción que se trata de una patología social imposible de erradicar.


MSc. J. Federico Campos Calderón
Abogado penalista