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Sábado 6 Diciembre, 2008

Creer siempre en la vida


León Gieco en su canción “Mensajes del alma” afirma: “Qué dignidad tan grande la de creer siempre en la vida con solo ver una flor brotando entre las ruinas”. No lo entienden 27 mil mujeres al año que abortan de forma inducida según datos de Instituto Demográfico Nacional.
En la próxima hora tres mujeres abortarán, hechos que nos parecían imposibles o fruto de una imaginación desatada se convierten en realidades cotidianas que no asombran ni a un niño.
Según Bernard Nathanson, el popular “rey del aborto” que practicó 75 mil abortos, eliminando los hijos no nacidos de amigos, colegas, conocidos e incluso su propio hijo, el día que pudo observar por primera vez el corazón de un feto al aparecer en el ámbito médico el ultrasonido, se planteó lo que estaba haciendo, reconoció su error y escribió un artículo en la revista médica The New England Journal of Medicine afirmando que en el feto existe vida.
Había llegado a la conclusión de que no había razón alguna para abortar: el aborto es un crimen.
De igual forma un médico brasileño que realizó el aborto durante años, llegó a una conclusión similar a la del doctor Nathanson al comentar en el programa radial Rainha “Dios me hizo entender que a partir del momento de la fecundación del óvulo existe vida, por lo que entendí que soy un asesino”.
Desde el primer instante de la fecundación la vida del nuevo ser merece respeto y protección, el lograr que en una sociedad se respete el derecho a la vida es responsabilidad de todos, con el ejemplo de su conducta, las palabras, escritos y opiniones, la educación de los hijos e influyendo en lo que se piensa y en lo que se legisla.
El impulso en el congreso del plan para promover la píldora anticonceptiva “del día después” para lograr un aborto fácil y sin riesgos, nos detiene a pensar en la necesidad de soluciones fáciles que busca nuestra sociedad, no basta con tomar un fármaco y eliminar “el problema”.
La píldora actúa cuando la concepción ya se ha producido e impide que la gestación siga adelante al hacer imposible la anidación el óvulo fecundado, que ya es un ser humano, en el endometrio de la madre.
Solo afirmamos la vida de otros si nosotros percibimos la nuestra en toda su grandeza y si somos coherentes con nuestra convicción. Un papel importante corresponde a políticos, educadores y responsables de medios de comunicación, por la repercusión de sus palabras o sus acciones en la colectividad.
De forma contraria a la idea que los promotores de la cultura de la muerte se han encargado de difundir, el aborto supone un riesgo para la salud de la mujer mayor que el embarazo y el parto.
El aborto supone un riesgo de muerte cuatro veces mayor que el parto, según un estudio realizado por el Centro Nacional Finlandés de Investigación y Desarrollo para la Salud.
En China, donde el control de la natalidad es más agresivo y la sociedad coacciona a las mujeres a cometer abortos no deseados, la tasa de suicidios femeninos es la más elevada del mundo
Con la reciente película del actor y productor Eduardo Verástegui, este tema polémico ha cobrado especial importancia tanto en nuestro país como a nivel internacional. Los productores de esta cinta han lanzado una campaña para promover la defensa de los no nacidos al enterarse que “Bella” ha salvado la vida de muchas madres y sus bebes.
En palabras de Verástegui “La legalización del aborto es un holocausto terrible, en el que están desapareciendo “legalmente” millones de inocentes”. Defender la vida está en nuestras manos ¿Quién limita donde empieza o acaba el ser humano?

Esteban Porras Zúñiga
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Estudiante universitario