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Sábado 19 Febrero, 2011


A los más afortunados los ayudan sus padres, los más arriesgados se endeudan con créditos paralelos y tarjetas de crédito, y el resto (la mayoría) inician un ahorro o postergan la decisión de tener casa propia

Crédito de vivienda: inalcanzable para la clase media

Atraído por la amplia oferta crediticia que la banca, mutuales y cooperativas están publicitando en estos días, el mes pasado se me acercó un amigo solicitándome que lo aconsejara sobre qué elementos, a parte de la cuota por millón, debería tomar en cuenta para poner en trámite un crédito para comprar vivienda; basado en mi experiencia laboral relacionado con el tema, enfoqué mi respuesta en tres elementos que desde mi punto de vista todo ciudadano debe conocer antes de aventurarse a tramitar un crédito de vivienda y me basé en un ejemplo de un crédito de ¢35 millones.
1er elemento: El aporte real que deben realizar los clientes: para los bancos más apegados a lo que establece el regulador a esa garantía como mitigación de riesgo, exigen como mínimo un aporte del 20% (¢7 millones) existiendo en la oferta crediticia bancos que solo exigen el 10% (¢3,5 millones); y otros mucho más arriesgados que no exigen aporte.
2ndo elemento: Costos directos asociados al trámite: Hay que tener recursos líquidos para pagar la comisión bancaria, gastos de peritaje, honorarios legales para confeccionar la hipoteca, gastos registrales para inscribir la garantía, y primas de seguros, entre otros, que redundan entre un 6% y un 9%. Para nuestro ejemplo utilizaremos un 7,5%, lo que significa ¢2,7 millones.
3er elemento: Costos directos asociados a la construcción: aplicable para los clientes que desean construir su vivienda en vez de comprarla construida, con el afán de ahorrase algo de dinero. Ellos se deben de afrontar a honorarios profesionales para realizar el plano constructivo, plano eléctrico, supervisión de obras, visados municipales, acometida de agua, luz, pólizas de riesgo de trabajo, asegurar a los empleados, etc. Eso se estima que se ubica entre un 3% y un 5%, lo que para nuestro ejemplo redunda en ¢1,4 millones.
La pregunta que de inmediato le realice a mi amigo en el mejor de los casos fue: ¿Tiene usted acceso a ¢8 millones actualmente? La respuesta de mi amigo fue una, debo de conseguirlos prestados.
¿Está la clase media habilitada para cubrir todos esos gastos? Mi respuesta es que no, y la experiencia señala que los más afortunados los ayudan sus padres, los más arriesgados se endeudan con créditos paralelos y tarjetas de crédito, y el resto (la mayoría) inician programas de ahorro o simplemente postergan la decisión de tener casa propia.
Esa interrogante no existe en la vivienda subsidiada de clases bajas, ni en las personas adineradas que construyen sus viviendas con poco o sin apalancamiento crediticio; pero es la clave para asegurar el acceso al crédito de vivienda a la clase media. Permitir que los bancos reconozcan como aporte esos gastos directos, que el regulador permita que esa garantía mitigue más allá del 80%, que el Gobierno amplíe las ”declaratorias de interés social” para la clase media, con lo que los costos de trámite se reducirían en un 50%, y que se impulse la construcción de viviendas construidas (llave en mano) para eliminar los costos asociados a la construcción; son elementos que unidos a los esfuerzos actuales (bono diferido y recursos a tasa fija), ayudarían a accesar al crédito a la clase media.

Mynor Retana C.
Ingeniero
[email protected]