Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 30 Julio, 2013

Una democracia no puede florecer en medio de la desigualdad y la exclusión. Tampoco es posible llenar el canasto de aquellos que simplemente no se llenan nunca


Reflexiones

Crecimiento y equidad

Por varias décadas hemos tenido un discurso de economistas liberales que han apostado por una estrategia de crecimiento desligado de la equidad.
Hemos podido modernizar Santa Ana y Belén pero hemos deteriorado el desarrollo de Alajuelita y Aserrí. Hemos visto como se segmentan las oportunidades entre aquellos que logran acceso a la educación y la salud de calidad y aquellos que soportan la exclusión y el asistencialismo público.
La esperanza de algunos de recibir las migajas del crecimiento no ha sido satisfecha por el interés de los grandes grupos corporativos que ni siquiera han permitido una reforma fiscal de mediana magnitud.
La lamentable historia de la desigualdad está carcomiendo las bases de la credibilidad de aquellos que apenas tienen para comer en el día, careciendo de lo más básico y perdiendo muchas veces en el proceso la dignidad y el significado de la vida.
Una democracia no puede florecer en medio de la desigualdad y la exclusión. Tampoco es posible llenar el canasto de aquellos que simplemente no se llenan nunca. La sociedad no puede continuar apartando los ojos de aquellos que son también costarricenses.
Es por eso que el crecimiento y la equidad social son dos caras de una misma moneda, no se pueden pensar separadamente, como lo hemos hecho en los últimos 30 años.
Si hubo algo que puede destacarse del Estado Social de Derecho que heredamos en Costa Rica es el éxito de muchos hoy profesionales, académicos, artistas y hasta empresarios, que pueden decir que son el resultado de las oportunidades de ese modelo social. No podemos hoy dar la espalda a quienes están detrás de nosotros.
Repensar el Estado es crucial, se requiere cerrar las brechas creadas con el modelo de apertura. Se requiere repensar la empresa y el emprendedurismo como mecanismo de creación de nueva riqueza. Se requiere invertir mucho y mejor en educación, debemos romper las cadenas de quienes se oponen a una reforma fiscal inclusiva y socialmente progresiva.
Debemos avanzar hacía un país de más oportunidades, de más empresarios y sobre todo, de menos exclusión. Repensar la banca de desarrollo y los mecanismos para brindar crédito a los excluidos y a las pymes. Debemos fortalecer la integración rural a la ciudad, repensar desde y con las regiones el desarrollo y el crecimiento.
Los equilibrios macroeconómicos no deben solo verse como el resultado de más o menos inflación, sino el entender como sociedad, que la exclusión, la desigualdad y el deterioro social son más o tan peligrosos como una inflación alta. Sacar a algunos de sus esferas de cristal que miran sociedades costarricenses distintas a la realidad y ponernos de verdad en los zapatos de quienes hacen patria, en el campo, donde los agricultores que nos dan de comer están pasando penurias, los obreros y obreras que no tienen para dar sustento a sus familias en un país que no paga a más de un tercio de sus trabajadores el salario mínimo.
Las pymes que cierran día a día hoy en Costa Rica, ciegan con ello las oportunidades a la ampliación de nuestra democracia económica.


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