Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 1 Enero, 2015

Si no se atienden los problemas estructurales y de gestión que están limitando el desarrollo económico con sentido de justicia social, terminaremos perdiendo la carrera del progreso


De cal y de arena

Costa Rica en la encrucijada

Año nuevo, vida nueva. Pero el calendario de 2015 no da para visualizar una agenda nueva, vista la presencia de una amplia gama de temas aún sin resolver pendientes desde hace años de la acometida eficaz que devuelva al país el galope que le ubicó en posiciones de avanzada ya para 1980. En general, se vive mejor que 20 años atrás. Sin embargo, las políticas sociales y económicas no han podido atender los nuevos desafíos y superar del todo los viejos. Los principales indicadores sociales —dice el XX Informe del Estado de la Nación— progresan lentamente y en buena medida por inercia. Ya hace años largos que el tema de la distribución de la riqueza espera acción eficaz en tanto la desigualdad del ingreso aumenta, la pobreza se estanca, el desempleo abierto está en las cotas más altas y es poco lo avanzado en la reducción de las brechas laborales, de género y territoriales. Desde 2009 las finanzas públicas viven en rojo, muy deterioradas y con poca capacidad de respuesta para las necesidades de inversión, también amenazadas por un déficit sin precedentes del presupuesto de 2015 cuyo manejo exige negociaciones de alto contenido político invisible aún. El endeudamiento público llegó al 35% del PIB en 2013 pudiendo alcanzar el 58% en 2019 si seguimos viendo para el hicaco. El gobierno lanza un cuatrienal Plan Nacional de Desarrollo con contenidos ambiciosos y quizás desaprensivos de la presencia de tantos factores que podrían obstaculizar su puesta en marcha y que siguen esperando respuesta. El empresariado nacional, en cuyas manos cae en buena parte la tarea de sacar la carreta del atolladero, no le dice que no pero tampoco lo acoge entusiasta, tal vez a la espera de ver si el gobierno se arremanga este año y cómo lo va a hacer.
Entramos a 2015 lastrados por conflictos retóricos sobre posesiones y posiciones, más que con el dinamismo que da una fuerza emprendedora, con el desplazamiento de un movimiento inercial. Si no se atienden los problemas estructurales y de gestión que están limitando el desarrollo económico con sentido de justicia social, terminaremos perdiendo la carrera del progreso. Nada nuevo en la agenda cuyos rubros rojos siguen siendo los mismos, señal preocupante del tiempo perdido por la ineptitud, el desenfado y cuidado si no la presencia de intereses bastardos en la gestión de la cosa pública. Como dijo Rodolfo Cerdas en Costa Rica en la Encrucijada (2010) estamos bajo el peligro real “de que lo que ha sido hasta hoy un exitoso proyecto de Nación y democracia acabe convertido en solo un pintoresco punto geográfico en el mapa, de mero interés turístico por sus paisajes y su indudable riqueza ecológica”. Ciertamente, nos esperan muchas estaciones en la ruta del cambio, una empresa que demandará años de acción para todos los actores sociales según se desprende de los registros oficiales. La tarea hay que acometerla sin más dilación a riesgo de que nos deje el tren. Es de rigor derribar los muros de la confrontación irracional ya presente, construidos en medio del vacío de liderazgos políticos.


Álvaro Madrigal