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Miércoles 12 Octubre, 2016

Cinde ha hecho y continúa haciendo su labor, pero es evidente que se requiere apoyarlo en su gestión facilitando los cambios necesarios en estos temas tan importantes

Costa Rica: el pequeño gran gigante en IED

Gerardo Corrales Brenes

Hace algunos meses fui electo por la Asamblea de Asociados de la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde), a mucha honra, como director de la organización, cargo que todos los miembros de la junta directiva realizamos ad honorem.
Antes de esa fecha, en mi rol de analista económico, siempre he considerado que somos un país bendecido y con enormes ventajas competitivas para atraer Inversión Extranjera Directa (IED) que nos ha permitido, para nuestra fortuna, financiar el déficit de cuenta corriente de bienes y servicios en la balanza de pagos, así como incrementar el saldo de reservas monetarias internacionales, para evitar un shock de tipo de cambio.
Sin embargo, soy sincero en que desconocía el gran esfuerzo, pasión, excelencia, compromiso de la administración y la junta directiva de esta entidad, ejemplo mundial de una agencia de promoción de inversión extranjera.
Lo que más me ha gustado de esta oportunidad de compartir conocimientos en Cinde, es ver la juventud y un alto porcentaje de mujeres profesionales, bilingües, digitales, globales que se codean de tú a tú todos los días, con agencias de todo el mundo con presupuestos varias veces mayores al nuestro y a pesar de eso se han logrado ganar consistentemente oportunidades de atracción de inversión directa de calidad.
Sin embargo, tengo claro que ese éxito rotundo pasado no debe llevarnos a una posición de confort y tranquilidad, en el tanto que la competencia de otros países se ha visto incrementada y en adición, los niveles de IED en el mundo se ha reducido y las empresas se vuelven cada vez más exigentes en las condiciones óptimas para poder garantizarse productos y servicios de calidad mundial.
La competencia es cada vez más intensa, tanto de países emergentes como Colombia, México, Panamá, Perú y Uruguay, así como incluso de países desarrollados que literalmente están peleando con todos sus recursos para atraer más IED, entre ellos, el mismo Estados Unidos, Alemania, Japón, entre otros.
Sin duda, la calidad del recurso humano costarricense sigue siendo nuestro gran atractivo y lo que me complace es conocer la estadística que, de los 80 mil empleos formales generados en las más de 300 empresas bajo el régimen de zona franca, un 40% son mujeres. Asimismo complace conocer que el salario promedio de las compañías que operan bajo el régimen es 1,8 veces mayor al del resto del sector privado.
En las empresas de servicios el 80% proviene de colegios técnicos y de educación pública. Además, la edad promedio de estos trabajadores es de 29 años. Esto habla también de las grandes oportunidades que se les abren a nuestros jóvenes para desarrollar una carrera dentro de estas compañías.
Otros elementos que analizan estas empresas para decidir invertir en el país tiene que ver con nuestra estabilidad política y social, producto de un régimen democrático de décadas, diamante que sin duda debemos proteger; los incentivos fiscales; la seguridad jurídica y la ubicación estratégica de nuestro país.
Heredia, San José, Alajuela y ahora Cartago, han sido las más beneficiadas con la atracción de la IED en Costa Rica. Sin embargo, en el resto de nuestras provincias, donde las tasas de desempleo son mayores al promedio nacional, se requiere implementar un esfuerzo país para promover zonas francas en zonas rurales, proyecto que ya Cinde está ejecutando mediante la promoción ante inversionistas potenciales pero que, no puede rendir frutos si no va acompañado de mejoras implementadas por el Gobierno central y sus instituciones, municipalidades y las organizaciones comunales de dichas regiones.
Hemos estado debiendo en elementos claves de competitividad. Ha habido un impacto negativo en nuestras condiciones para la inversión por temas como el costo de la energía eléctrica, las telecomunicaciones, la limitada oferta laboral disponible de técnicos y especialidades profesionales requeridas así como, de personas con manejo del inglés; el rezago en la infraestructura y la legislación laboral poco moderna en términos de teletrabajo, por ejemplo.
Cinde ha hecho y continúa haciendo su labor, pero es evidente que se requiere apoyarlo en su gestión facilitando los cambios necesarios en estos temas tan importantes. No podemos pretender jugar en grandes ligas con reglas o condiciones del ambiente de tercer mundo.
Sería una verdadera lástima que, teniendo empresas extranjeras interesadas en venir al país a contratar mujeres, operarios, jóvenes profesionales y técnicos, se deje pasar la oportunidad por no tener la oferta requerida. El mundo se debate hoy en un tema de cómo reactivar la economía más que en el control de la inflación, la cual ha pasado a un segundo plano. La atracción de IED ha demostrado ser una importante fuente de generación de empleo de calidad, por lo que debe declararse prioridad nacional el tema de la formación y educación de nuestros jóvenes alineada con el mercado.
Como decía aquel famoso refrán: “Si tu plan es a un año plazo, siembra arroz. Si tu plan es por diez años, siembra árboles. Si tu plan es por cien años, educa a tus jóvenes”.
Soy optimista que seguiremos atrayendo inversión extranjera directa de calidad y reconozco con mucho orgullo, el trabajo exitoso que por décadas Cinde ha ejecutado en beneficio de las nuevas generaciones.