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Sábado 8 Mayo, 2010

Costa Rica: belleza escénica

Es verano en nuestro país, una mezcla del otoño y primavera de otras latitudes. El Valle Central se deleita con sus llamaradas de porós y vainillas que irán desprendiéndose poco a poco para dar paso a los robles sabana en tonos de rosa, los jacarandas vestidos de azul hortensia y las veraneras en todo su esplendor.
El Pacífico Norte despliega su contraste de pampa seca con el verde de los guanacastes e higuerones, el rosa coral de los caraos, cortezas, caña fístula, robles y más tarde los malinches y los orgullos de la India. El ganado apacienta sus calores bajo la sombra y a lo lejos, el mar nos espera ansioso en su inquietud de olas, arena y atardeceres.
Pero toda esta belleza está regada de polvo en el trayecto de la Costanera desde Sámara hasta el norte, y en muchas otras carreteras de la zona. Escuelas, hoteles, abastecedores, casas, vegetación y animales, desaparecen en una nube de polvo y sequía en un trayecto que debería ser orgullo nacional y ahora, el lastre del lastre y en el invierno, barro e inundaciones.
Los guanacastecos y el visitante, merecemos carreteras dignas y puentes en todos los ríos para llevar la salud y el desarrollo sostenible a esa zona privilegiada, así como una Interamericana de cuatro o más carriles que nos permita circular sin problema. La solución está en nuestras manos. Todavía estaríamos haciendo filas de tres horas para ir a la Península por el ferry del Tempisque, si Taiwán no nos hubiera donado el Puente de la Amistad, qué mal agradecimos.
Somos dueños de un Tesoro, nuestro paisaje que cambia kilómetro a kilómetro, cantón a cantón, provincia a provincia. ¿Por qué no recoger ese regalo de Dios y disfrutarlo? Belleza escénica, se llama.
La carretera de Manolos a Caldera y Jacó por el Monte del Aguacate, un jardín que sembraríamos de árboles ornamentales y frutales para deleitar a los turistas, así como se muestran los cerezos en flor en Japón y los tulipanes en otros países.
Turrialba, Juan Viñas, el valle de Orosi, un esplendor de montaña, río, verdes y naranjas, que pasan por Paraíso, cuya carretera fuera sombreada de pinos y hoy se puebla de tugurios. que fácilmente podríamos cambiar por viviendas con encanto entre los cipreses ancianos.
Limón, la selva intrigante y los ríos anchos y fuertes en su paso por las montañas y los valles atraen a turistas del mundo entero. Recibámoslos con un Puerto limpio y hermoso, un Caribe alegre y colorido que remonte a sus raíces. Un Tortuguero maravilloso con un pueblito pintado de artesanías y comidas tradicionales.
Alajuela y Heredia, sembradíos, cafetales, volcanes y fincas espléndidas, son parte de nuestra riqueza escénica que no deben perder su identidad. Caño Negro y Upala han destruido sus bosques y los humedales se van secando poco a poco. Acabamos con las especies sin darnos cuenta siquiera.
Península de Osa, hasta hace poco olvidada, hoy se redescubre en puentes y carreteras que abren paso al viajero y a la aventura. La Costanera sur duplicó las posibilidades, aunque aún falta un esfuerzo más entre Puerto Jiménez y Corcovado.
No siempre valoramos estos tesoros. Poco a poco la nueva carretera a Caldera se irá inundando de vallas publicitarias, como ha pasado con la del Valle del Sol, Santa Ana y su impresionante paisaje se verá opacado entre mensajes comerciales.¿No era este un sitio de belleza escénica donde estarían prohibidas las vallas aéreas gigantescas? ¿Qué ha pasado con la ley?
Merecemos el descanso visual al final de la jornada o al inicio del día. Disfrutar de los celajes y elevar el espíritu. Más que eso, Costa Rica necesita desplegar el abanico de su paisaje en toda su grandeza y hacer de su belleza el ingreso principal que la sustente. En vez de sembrar vallas, sembremos árboles por kilómetro a nombre de la empresa y adoptemos una carretera más.

María Elena Pozuelo P.
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