Dyalá Jiménez

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Martes 24 Enero, 2017

Tenemos un potencial enorme en la educación de arbitraje que no hemos explotado

Costa Rica como semillero en materia de arbitraje

Dyalá Jiménez Figueres, DJ Arbitraje

Nuestro país ha diversificado significativamente su matriz exportadora en los últimos 30 años. No solo pasó de ser un país exportador primordialmente de bienes a uno principalmente de servicios, sino que dentro de cada rubro diversificó la oferta. Según cifras del Banco Central y del FMI a 2016, la venta de servicios constituye un 44% del total de exportaciones de Costa Rica. Además, para ejemplificar, según CINDE, solo en las zonas francas, de 2006 a 2014, se pasó de exportar servicios de una industria a por lo menos diez industrias diferentes. Ejemplos de estas industrias incluyen call centers, servicios financieros, ingeniería y diseño, back office, sedes de oficinas regionales, global procurement, recursos humanos, reingeniería de procesos, tecnologías digitales y servicios digitales.
¿Por qué no pensar en “exportar” también especialistas en arbitraje?
El arbitraje no solo se utiliza para controversias entre empresas costarricenses, sino que se acude a él cada vez con mayor frecuencia en el ámbito internacional. A mayor demanda del servicio, mayor demanda de abogados especializados y árbitros con el saber-hacer. Las empresas radicadas en Costa Rica sin duda irán participando cada vez más en procesos arbitrales y requerirán abogados que las representen y lleven sus casos. En lugar de tener que acudir a especialistas en jurisdicciones más costosas, como Estados Unidos, deberían tener a la mano una oferta amplia de profesionales en nuestro país. Estos profesionales no solo cobrarían menos que sus colegas estadounidenses por sus servicios, sino que hablarían su mismo idioma y conocerían mejor su idiosincrasia. Además, los costos de traslado y de comunicación entre cliente y abogado serían reducidos. En otras palabras, tenemos que competir también en esta área del mercado internacional de servicios.
Por otro lado, generalmente, de los tres árbitros que se designan para un caso, por lo menos uno de ellos debe ser de nacionalidad distinta de las partes. Cuanto mayor número de costarricenses practiquen el arbitraje, tanto nacional como internacional, mayor reputación tendrá nuestro país como fuente de árbitros, mayores foros de discusión y de generación de ideas se crearán y, eventualmente, más sofisticados serán nuestros profesionales. Lo mismo vale para la región centroamericana y del Caribe: deberíamos constituirnos en un hub de arbitraje.
¿Qué se necesita para llegar a eso? Como en casi todas las áreas, se empieza por ofrecer una buena educación.
Costa Rica tiene una ventaja competitiva regional y por fortuna no es los salarios bajos, sino más bien, la mano de obra calificada. En efecto, según datos de CINDE, nuestro país es el primero en Latinoamérica en cuanto a servicios de valor agregado y procesos sofisticados de producción. Si bien todavía falta bastante por alcanzar altas calificaciones en las evaluaciones PISA, es reconocida la calidad de muchas de nuestras instituciones de educación formal y técnica.
Sin embargo, también como sucede en muchas áreas, tenemos un potencial enorme en la educación de arbitraje que no hemos explotado. Salvo la Universidad Lead, las casas de estudio superior no ofrecen cursos de arbitraje internacional propiamente como parte de la malla curricular permanente. Tiende a verse en la universidad como un componente de otros cursos y no se profundiza por tanto en su aprendizaje. De esta forma, si bien se ofrecen cursos de RAC y de arbitraje nacional, los conceptos y las destrezas que se aplican en el arbitraje internacional son distintos y no se ofrecen de forma sistemática a nuestros estudiantes universitarios.
Además de los cursos teóricos, es menester formar a los profesionales en las mejores prácticas internacionales mediante talleres y ejercicios prácticos. Alrededor del mundo, incluyendo nuestra región, se celebran competencias académicas basadas en casos hipotéticos que son herramientas excelentes para preparar a los jóvenes para una carrera en arbitraje. En nuestro medio hay un grupo de jóvenes que, desde hace algunos años y por iniciativa propia, se preparan de forma autodidacta y participan con bastante éxito en esas competencias. Si bien es muy positivo que exista el CYA (Costa Rica Young Arbitrators), ese tipo de esfuerzos deberían dejar de ser espontáneos y convertirse en esfuerzos institucionales de las casas de estudio.
Por otro lado, varios profesionales dedican mucho tiempo en asociaciones como el Capítulo costarricense de la Cámara de Comercio Internacional (ICC Costa Rica) y el Club Español de Arbitraje (CEA) para organizar conferencias, seminarios, reuniones y talleres en arbitraje y en RAC en general. En efecto, todos los años desde hace ya ocho años se realiza un Congreso regional de arbitraje internacional de renombre, el cual es declarado de interés nacional por el Ministerio de Justicia. Este año se acompañará de dos talleres prácticos impartidos por especialistas reconocidos globalmente.
Estos esfuerzos le dan alguna notoriedad a nuestro país en materia de arbitraje internacional, ya que por lo general aproximadamente la mitad de los asistentes y expositores de estas actividades son extranjeros. Sin embargo, no es suficiente. Sería ideal que las universidades se matriculen en este proyecto y que los centros de arbitraje sigan uniéndose para definir mejores prácticas. Ello no solo permitiría que realmente seamos un semillero de profesionales, sino también que seamos cada vez mejores profesionales.