Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 5 Noviembre, 2014

Cruzar el charco nos cambia la perspectiva. Y sí, la democracia y sus sistemas de partidos, están a prueba en muchas partes


Hablando Claro

Corrupción y democracia

A Coruña.- Esta semana la temperatura bajó en España a niveles propios de la inminencia del invierno. Lo que no baja para nada es la intensidad de la ebullición generalizada por el destape de los últimos actos corruptos que han puesto en sonrojo al gobierno y su partido y por salpique también, a la oposición del PSOE.
Es la podredumbre descubierta de los vicios enquistados que ha generado la clase dirigencial la que flota hoy, dejando a su paso una estela de abusos con dineros públicos que si bien es cierto indignan siempre, resultan inaceptables en un país que sigue buscando a duras penas la salida de su peor crisis económica. Tras cuernos, palos.
La llamada “Operación Púnica” (aquí cada caso es bautizado de manera rimbombante) ha dejado medio centenar de prisioneros, incluyendo el número dos en el mando del Partido Popular en Madrid y ha puesto de rodillas a pedir perdón hasta al mismísimo presidente Mariano Rajoy y la también muy poderosa líder Esperanza Aguirre.
Perdones que no convencen, a juzgar por el resultado de la última encuesta de opinión de Metroscopia publicada el domingo por el diario El País.
Hartos de su clase política tradicional, los españoles están justamente echando mano de sus amenazantes opiniones para decirles fuerte y claro al Partido Popular y al Socialista Obrero Español que si las elecciones fueran hoy (en mayo serán las municipales y en un año las generales) estarían dispuestos a confiar su futuro en una divisa que no tiene ni un año de estar en la palestra: “Podemos”, la insignia de un grupo de politólogos universitarios comandados por Pablo Iglesias, un líder mediático de nuevo cuño, tiene mareados a los estrategas del PP y el PSOE.
Gracias a la ira ciudadana, Podemos supera en intención de voto a los dos grupos, rompiendo el tablero electoral con un terremoto de alta intensidad que no tiene precedentes para este bipartidismo que siempre estuvo seguro que el único enemigo lo tenía enfrente de su nariz. Hasta ahora.
Claro que razonamientos de todo tipo no faltan y hay quienes sentencian que la gente, la opinión pública, ese grupo amorfo y siempre ambicionado, deberá detenerse a pensar seriamente en las propuestas y no dejarse llevar por cantos de sirena y que, por lo demás, falta mucho para pasar de las palabras a los hechos, y que de ahora a las elecciones, es probable que la intención de voto se acomode y vuelva por los linderos del tradicionalismo. Claro que puede ser. Después de todo, dice el exministro Joaquín Almunia “el problema no es exclusivo de España: la antipolítica y el populismo se dan en muchos países”, mientras un columnista añade que no hay que perder de vista que más del 99% de los políticos son honestos.
Por ahora, lo único cierto es que aquí siguen desfilando a prisiones y estrados judiciales, alcaldes, diputados, concejales, empresarios, hermanas monárquicas y hasta una famosa cantante. Y las próximas tonadas la definirán con sus votos los indignados electores.
Ciertamente cruzar el charco nos cambia la perspectiva. Y sí, la democracia y sus sistemas de partidos, están a prueba en muchas partes.

Vilma Ibarra