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Corrupción ambiental


Mucho se ha escrito y se ha dicho acerca de los problemas de corrupción que carcomen a las sociedades del mundo, y entre ellas a la costarricense.
Pero hoy en día existe un tipo de corrupción que no solo contribuye a deteriorar nuestra credibilidad como país a nivel mundial, sino que también pone en juego nuestro propio futuro.
Se trata de la corrupción ambiental. Esa de la cual hasta hace poco solo se hablaba como un supuesto, como un fantasma que nos salía de debajo de la cama a asustarnos, pero que poco se había probado.
Esta realidad ha cambiado y el fantasma ya no solo ha decidido salir abiertamente, sino que vive, trabaja, come y construye junto a nosotros casi sin ningún temor.
En el listado de los diez problemas ambientales que sufre el país, el de la corrupción en esta área es el que surge como el principal a combatir, y que se materializa con ejemplos claros, como con la construcción de proyectos en zonas protegidas, en donde supuestamente no deben realizarse.
La única explicación lógica que surge de esto es que en el camino pueden haberse producido tratos secretos para obtener permisos adulterados, que medió inevitablemente la gracia de funcionarios públicos para favorecer a un privado, que no importó poner en peligro a las 1.600 especies que hoy en día están oficialmente reconocidas como “amenazadas” o en peligro de extinción, a cambio de llenar algunas zonas de “progreso de hormigón”.
Al efectuar un llamado para revertir esta situación y combatir con mano dura la corrupción ambiental, en LA REPUBLICA corremos el riesgo de no ser escuchados o tomados en cuenta, pues en lugar de ello a muchas personas involucradas quizás les resulte más sencillo (y hasta beneficioso) dejar que las cosas sigan su rumbo actual.
Sin embargo, estamos en el deber moral, ético y social, de no quedarnos callados. Es nuestro derecho y nuestro deber como medio de comunicación sin intereses particulares, llamar la atención sobre las cosas que consideramos inadecuadas y que atentan contra nuestro propio futuro, como sociedad y como país supuestamente interesado en el ambiente.
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