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Correr un maratón resultó un reto mortal


El terminar un maratón es el mayor deseo de cualquier persona que corre regularmente como ejercicio cardiovascular. Es un reto que parece imposible para la mayoría de la gente, pero es la mejor motivación que un corredor pueda tener.
No existe una emoción más grande que recibir una medalla después de haber terminado un maratón, como premio del largo y pesado entrenamiento que se realizó.
Muchos ahora nos preguntamos si valdrá la pena el reto. No deja de ser preocupante saber que uno de cada 50 mil corredores fallece en el evento. Actualmente los principales maratones como el de Chicago y Nueva York cuentan con más de 45 mil participantes. O sea, que podemos esperar un muerto en cada maratón.
Los maratones se programan en los países del hemisferio norte a principios de abril y finales de octubre cuando la temperatura es relativamente fría y hay poca humedad, pero a veces pasa, como este año en Chicago, que la temperatura subió a niveles inesperados y mucha gente terminó la carrera deshidratada o vomitando. El agua y las bebidas hidratantes de los puestos de asistencia no alcanzan para tanto participante.
Es increíble la cantidad de gente que corre un maratón sin la debida preparación y sin tener la condición física que se necesita y, peor aún, sin que se le haya practicado un chequeo médico previo.
Antes de iniciar cualquier tipo de entrenamiento fuerte y prolongado; como uno para maratón, triatlón, o cualquier otro evento extremo, cualquier persona debe hacerse un buen chequeo médico que incluya una prueba de esfuerzo máximo cardiovascular. Esto es especialmente importante si se tienen antecedentes familiares de hipertensión arterial, colesterol alto, diabetes o parientes que murieron por enfermedades del corazón antes de los 50 años.
Debemos tener en cuenta que algunas de las causas de muerte súbita no logran ser detectadas en estos chequeos, pero se pueden sospechar por algún antecedente personal o familiar.

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