David Gutierrez

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Martes 6 Septiembre, 2011


¿Conviene un nuevo puerto en Limón?


Se acaba de firmar el contrato de concesión de la terminal de contenedores de Moín, en Limón. Las ventajas de ese contrato son muchas, no solamente para Costa Rica, sino para la provincia de Limón. Lamentablemente, como se ha vuelto ya costumbre en proyectos de importancia nacional, se han iniciado una serie de demandas y reclamos que buscan la protección del interés particular por encima del interés general.
Limón es la provincia con más pobreza en Costa Rica. Tiene el índice más alto de violencia y homicidios, además de tener una alta influencia del crimen organizado. La inversión por parte del concesionario para la construcción de la terminal será de aproximadamente mil millones de dólares. Esta inversión promoverá el comercio y el turismo en la zona, además de crear nuevos empleos, ayudando así a combatir la violencia y el crimen existentes.
Además, habrá un beneficio para nuestra economía. El puerto de Limón moviliza más del ochenta por ciento de las exportaciones e importaciones del país. Sin embargo, producto de una muy mala administración, está clasificado como uno de los puertos más ineficientes del mundo. Los costos de movilizar productos por el Caribe son de los más altos del mundo. Los tiempos de atracado y de espera de los barcos superan hasta en cinco veces los de puertos vecinos, como los de Panamá y Colombia, muchas veces producto de huelgas, tortuguismo y exceso de días feriados y horas libres. La infraestructura es antigua, incapaz de atender buques Post-Panamax, que con su tamaño generan ahorros por economías de escala.
Algunos de los opositores de este proyecto han esgrimido al menos un par de argumentos en contra de la concesión. El primero, el del impacto ambiental. El segundo, el del aumento de las tarifas.
Sobre el primero: una construcción de una terminal portuaria siempre tendrá un impacto en el medio ambiente. La construcción del actual puerto también lo tuvo. Debemos proteger el medio ambiente, pero no lo hagamos por medio del rechazo de proyectos de infraestructura de importancia nacional. Hagámoslo por medio de una adecuada supervisión de las obras, que nos permita evitar que el impacto ambiental sea mayor al necesario; y por medio de medidas de mitigación, de forma que el daño pueda ser compensado de otra forma.
Sobre el segundo: como es lógico, un mejor producto o servicio siempre conllevará a un aumento de precio. No podemos esperar tener un puerto de clase mundial, operado por una de las empresas más reconocidas del mundo, sin que haya un aumento en el costo. No debemos enfocarnos solamente en el aumento del precio, sino en medir los beneficios que se recibirán con ese aumento. Un mejor puerto, aunque más caro, podría generar ahorros por medio de la disminución de tiempos de espera.
Finalmente, en Costa Rica ya contamos con una historia de concesión portuaria exitosa. El Puerto de Caldera, que fue concesionado hace casi cinco años, pasó de 17 a 32 contenedores movilizados por hora; y de 400 a 620 toneladas métricas la movilización de la carga a granel. El avance de Puerto de Caldera en los rankings internacionales ha sido sostenido. Muchas comunidades han sido beneficiadas con el pago que la concesionaria hacia las municipalidades de Puntarenas y Esparza y al INCOP.
El contrato de concesión de la terminal de contenedores de Moín no solamente traerá beneficios económicos y sociales. Es uno de los proyectos de infraestructura más grandes de nuestra historia, uno que nos permite cambiar la mentalidad de república bananera. Pensemos en grande; pensemos en ser cada día más competitivos.

David Gutiérrez
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