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Una inflación mal calculada podría generar la aplicación de políticas que lejos de ser solidarias más bien estarían ampliando la brecha en los niveles socioeconómicos del país

Consumo y pobreza

La demanda interna creció el año pasado un 8,7% y fue el principal motor que impulsó la producción del país, tras un 2009 difícil. Esto contrarrestó la caída en las exportaciones, principalmente la de bienes.
Desde el segundo semestre de 2009, la economía nacional viene mostrando signos de mejora, aunque al cierre del año anterior el dinamismo comenzó a moderarse.
Así, el Banco Central estima el incremento de la demanda interna en un 5,4% al finalizar 2011, y en casi un 6% el siguiente año.
Sin embargo, este aumento del consumo no puede inducirnos a optimismos imprudentes.
El crecimiento en las ventas registrado a finales de 2010 no abarca a los sectores de pocos ingresos, en especial a los más bajos, algo que todo consumidor costarricense palpa y comprueba cada vez que sale de compras al mercado o a la pulpería.
En este sentido, las poblaciones más vulnerables podrían estar siendo afectadas por una metodología en el cálculo de inflación que no contempla un grupo de bienes, más comunes a ser consumidos por estos estratos de la sociedad.
Actualmente, se discute desde diversas perspectivas técnicas, algunas tributarias, otras más mercantiles, sobre la necesidad de definir una canasta de bienes básicos más apegada a la realidad. El problema que surge inmediatamente, es sobre cómo definir la realidad, y puntualmente, la de cuál estrato de una sociedad costarricense cada vez más fraccionada en sus estilos de vida por los niveles socioeconómicos.
Siendo este el caso, los aumentos de consumo que se reportan a niveles macro no reflejan adecuadamente las partes que componen a toda la sociedad, ocurre que la de ingresos más bajos, lejos de disfrutar del auge de una ampliación de la oferta de bienes y servicios, más bien podría estar sufriendo si la tendencia del mercado es privilegiar la estratificación.
Quizás por esto el Indice de Confianza del Consumidor cerró 2010 en un 47,8%, seis puntos porcentuales menos que al inicio del año.
El aumento del consumo, sumado a una inflación no adecuadamente calculada, podría generar la aplicación de políticas que lejos de ser solidarias más bien estarían ampliando la brecha en los niveles de vida del país.
No puede la política oficial negar el problema inflacionario ni omitir las medidas para su adecuada contabilización. Esta discusión debe darse desde una perspectiva que comprenda de manera más profunda cómo las acciones públicas pueden afectar el equilibrio social de Costa Rica.



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