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Viernes 16 Mayo, 2008

Consume lo que puedas, y no te mueras


La reciente columna publicada en este diario por Juan Manuel Villasuso bajo el titular “Consumir hasta morir”, es una clara evidencia de cuan común es adjudicarle a la publicidad la responsabilidad de muchos de los males sociales que actualmente vivimos.
Menciona don Juan Manuel que la página de Internet “Consume hasta Morir”, creada por la Asociación Española Ecologistas en Acción, plantea lo malo del sistema comercial, debido a que se sustenta en la obsesión por vender y consumir, y la publicidad se convierte en la mejor aliada del sistema, pues se encarga, y cito “de mostrar una realidad deformada, tratando de que las personas consuman sin límites, sin reflexionar en los posibles impactos o perjuicios que puedan causar a la salud, al medio ambiente o a otras culturas”.
Aunque no soy ni economista ni historiador —orgullosamente soy publicista— mis conocimientos me indican que el consumismo tomó auge a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando se da una transformación en los hábitos de consumo de muchos habitantes a lo largo y ancho del mundo, como resultado de la producción masiva y, por tanto, del incremento de la oferta.
El consumo no existe como resultado de la publicidad; existe porque permite a las personas adquirir diversas cosas que desean o necesitan, y esta aseveración es propia de los economistas, quienes afirman que el consumismo ha tomado fuerza porque su estrategia se basa, principalmente, en un constante incremento de la producción y la diversificación de lo que se ofrece, generando la creación de nuevos productos y servicios en el mercado.
La publicidad es sencillamente una disciplina social (otros afirman que científica), cuyo objetivo es persuadir al público con un mensaje comercial para que tome la decisión de comprar el producto o servicio que ofrece una empresa. La publicidad no llena necesidades, son los sectores productivos, bajo una estructura económica apoyada por todos los ciudadanos de un país, los que reaccionan al estado psicofísico que nos marca, señala o define lo que nos falta para obtener lo que deseamos.
Hay quienes señalan que las necesidades no se crean (otro interesante tema de discusión), sino que son propias de cada individuo, y la publicidad las destaca y presenta para poder vender. Nosotros, los publicistas, trabajamos en mostrar que se puede satisfacer una necesidad con el producto o servicio que se está vendiendo, pero la decisión de igualar la felicidad personal, espiritual y humana a la compra de bienes y servicios o al consumo en general, es una decisión propia, personal, basada en valores, principios de cada individuo. Cada persona debe saber hasta donde consumir, como seres inteligentes que somos, sin tener que afectar su calidad de vida o morir por ello.
Entiendo que la página “Consumir hasta morir” pretende alertar contra el consumo desmedido de bienes y servicios, pero su lectura me pareció, en algunos artículos, una diatriba a la publicidad, responsabilizándola de un consumismo capaz de impactar negativamente a los recursos naturales, al equilibrio ecológico y social. ¡Error!, porque me parece que la manera de interpretar la palabra “consumismo” es considerarla como una crítica a la organización de la economía de una sociedad, y la forma adecuada de contrarrestar el efecto de este mal no es atacando a la publicidad, que en muchas ocasiones ha demostrado ser el mejor vehículo de educación masiva y prevención de males sociales, sino orientando a los ciudadanos, desde temprana edad y en el seno del hogar, a basar su felicidad en la obtención del equilibrio interior, para así discernir entre lo que necesita, quiere y puede comprar.

Jorge Oller
cédula 9 104 729,
Presidente de Asociación Costarricense
de Agencias de Publicidad