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Consultores de imagen ya no son ídolos del rock
En la medida que la economía estadounidense se recupere, apuestan a que los buscadores de empleo querrán actualizar su apariencia, como lo hicieron en recesiones anteriores

La Gran Recesión destruyó más de una profesión lucrativa de la era de las burbujas: agente de bienes raíces, bróker de yates, arquitecto estrella. A esta lista debe sumarse el consultor de imagen.
Si bien Tiffany & Co. y Coach Inc. están volviendo a vender joyas ostentosas, los pudientes se inclinan más a elegir por sí mismos que a pagarle $300 la hora a Samantha von Sperling por ayudarlos a vestirse para el exceso.
Hace dos años, Von Sperling, una consultora de imagen de Nueva York, enseñaba a los nuevos ricos el arte de la conversación, y guiaba a los ejecutivos importantes y sus cónyuges en viajes de compras por valores de seis dígitos en las boutiques y las grandes tiendas de Manhattan.
Actualmente, la facturación de Polished Social Image Consultants, la firma de Von Sperling, ha caído a alrededor de la mitad, informa Bloomberg Businessweek en su número del 10 de enero, y sus clientes llaman con menos frecuencia o piden ofertas.
El año pasado “fue una pesadilla”, dijo Von Sperling, que anteriormente trabajó como maquilladora y actriz. “Cada mes era un ataque de pánico comprobar que podía pagar las cuentas”.
La consulta de imagen, de la que es parte integrante la compra personal, existe desde los años 80, cuando se puso de moda analizar cuáles eran los colores personales.
A mediados de la década de 2000, los precios de las propiedades inmobiliarias y de las acciones en alza hicieron que pareciera adecuado a la gente meramente acomodada destinar miles a un cambio de imagen.
Los realities shows como “What Not to Wear” (Qué ropa no ponerse) y “Queer Eye for the Straight Guy” también alentaron a la gente común, incluso los hombres, a pedir consejos sobre moda.
En 2008, “estábamos en la cresta de una ola con todos los programas de TV”, dice Lynne Marks, fundadora del London Image Institute, una escuela para aspirantes a consultores en Atlanta, estado de Georgia. “Todo el mundo sabía lo que era un consultor de imagen porque estábamos en todas partes”.
La mayoría de los consultores de imagen cobra una tarifa por hora de $50 a $300 o más por servicios que van de cómo actuar en actividades sociales hasta cómo armonizar las corbatas con las camisas de vestir. Suelen provenir de los sectores del comercio minorista o la belleza, y algunos pagan $10 mil y más por una formación en escuelas que abrieron en estos últimos años.
Durante el periodo de auge, los clientes de Von Sperling llevaron la compra personal a nuevos extremos. Ella recuerda a una banquera que viajaba en avión desde Boston para fines de semanas de compras. Una vez un joyero visitó a la clienta con chucherías por valor de un par de millones de dólares y un arma como protección.
En otro viaje, la banquera reservó una sesión privada con la diseñadora Peggy Jennings, que ha hecho ropa para Laura Bush y Hillary Clinton. Gastó varios cientos de miles de dólares, en un año y medio, dice Von Sperling.
“En ese entonces, era lo normal”, dice, caracterizando su situación de ese momento como “vivir igual que un ídolo del rock”.
En la actualidad, los viajes de compras de Von Sperling son menos llamativos. En noviembre, recibió a una familia de Las Vegas. Si bien sus clientes se dieron gusto comprando, se concentraron en lo práctico. Dos hijas adolescentes compraron zapatillas de Lanvin por $400; la esposa, un abrigo de cachemira.
“Eran compras de lujo”, dice Von Sperling. “Pero nadie compró lo que no necesitaba. Un collar de zafiros no es una necesidad, sí, en cambio, se puede necesitar un abrigo caliente”.
Muchos clientes han adoptado el etos de “hágalo usted mismo”, pagando la tarifa por hora de Von Sperling por una consulta y yendo luego solos a la aristocrática tienda Bergdorf Goodman de Nueva York. También le han tomado el gusto a hacer un recorrido por su propio guardarropa contratándola para encontrarle un aspecto diferente a ropa vieja, tiñendo un vestido o acortándole las mangas en vez de comprarse vestuario nuevo.
En la medida que la economía estadounidense se recupere, los consultores apuestan a que los buscadores de empleo querrán actualizar su apariencia, como lo hicieron en recesiones anteriores.
“Aun los que tienen una buena carrera necesitan diferenciarse”, dice Marks, una veterana de 25 años en el sector. Los consultores de imagen ya tienen la mira puesta en las ferias de empleo, dice, como funciones pagas que ofrecen clases sobre etiqueta para estrechar la mano al igual que como terreno fértil para encontrar nuevos clientes.
Mientras los consultores de imagen de Estados Unidos se reagrupan, crece el interés por estos servicios en el exterior. Michelle Sterling, que fue analista de Bank of America Securities, dice que su nueva Sterling Style Academy de Nueva York atrajo aspirantes a consultores de imagen de más de 20 países y que el año pasado agregó un curso en Dubái.

Bloomberg News
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