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Jueves 20 Abril, 2017

Construir confianza, desmantelar intereses

Estamos en medio de un nuevo proceso electoral. Si la historia se repite, veremos posiciones populistas, electorales, criticando todo lo que es hoy Costa Rica y proponiendo un cambio sin detalles, un cambio como fin en sí mismo.
A lo largo de las últimas décadas, el país ha fortalecido un sistema democrático ejemplar. En los últimos 20 años, pasamos de un sistema de dos partidos en el que era “más fácil” lograr determinados acuerdos, a uno multipartidista que requiere más trabajo, más voluntad, más honestidad para llegar a esos acuerdos, menos egoísmos, y mucho más pragmatismo.
Ese bipartidismo facilitó la creación de innumerables grupos de interés económico, no ideológicos pues lo único que buscan es preservar sus intereses creados. Los vemos por todo lado enriqueciéndose a costa de los demás, y sin importar el daño al país en tanto y en cuanto se mantenga su privilegio económico. Es así como vemos en un espectro a los empleados públicos protegiendo sus pluses, pensiones de lujo y privilegios; a los taxistas atacando a porteadores en su momento y ahora a los “uber” de hoy en día; a los transportistas boicoteando el tren de carga, a los autobuseros en contra del tren de pasajeros y del control que el pago electrónico implica; a los colegios profesionales defendiendo bajo el argumento de evitar la competencia desleal las tarifas mínimas de ingenieros, arquitectos, notarios, abogados, médicos, etcétera; a los arroceros con un subsidio que representa el 97% de la inversión del país en el sector, particularmente gravoso para el 20+% de la población en condición de pobreza; a los profesionales en contra de ampliar la base del IVA para obligarlos a tributar sobre la realidad de sus ingresos; y bueno, la lista es interminable.
Al mismo tiempo tenemos electricidad limpia pero cara; agua en abundancia, también cara y una deficiente infraestructura para distribuirla; los combustibles más caros de la región con carreteras de tercer mundo, una banca estatal ineficiente que hace cada día más rentable la banca privada; un sistema de salud pública incapaz de eliminar las listas de espera y con algunos profesionales devengando salarios de $30 mil o más al mes. Por eso somos un país caro, cada día menos competitivo e incapaz de crecer más allá de un 4% anual. Si no creamos las condiciones para que la empresa privada genere riqueza, jamás acabaremos con la pobreza.
Es imperativo y urgente para el país salir de este círculo vicioso. Para ello es vital definir una hoja de ruta que permita ir dando pequeños pasos, desarmar a “pellizcos” este elefante, de forma que los empleados públicos y privados y sectores de izquierda y de derecha —aunque no hay nada de ideología, es un tema puramente económico— puedan, poco a poco, confiar en que al final del proceso todos perdemos algo individualmente, pero ganamos en lo colectivo.
Este país tiene todas las condiciones para ser aún más exitoso de lo que ya es. Gente preparada, una geografía y clima envidiables y una sociedad democrática admirable. Sí, se requieren algunas reformas legales para entre otras cosas, dar más autoridad a los ministros, más herramientas para evaluar la gestión pública y sancionar cuando corresponda, entre otras; pero lo que más necesitamos es actitud y liderazgos que permitan construir confianza y avanzar.

Lic. Federico Jenkins Moreno
Abogado