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Viernes 30 Septiembre, 2011


Recordemos que en el pasado, por no estar alerta, nos han metido más de un gol

Consecuencias de un retiro prematuro

Todavía no salgo del asombro al ver cómo estando la CCSS casi en quiebra, nos salen ahora los diputados con este nuevo proyecto de reducir a 57 años la fecha de retiro, para aquellos que paguen por adelantado las cuotas correspondientes.
Mientras tanto en otros países, España por ejemplo, están tratando de aumentar de 62 a 65 años las jubilaciones con el objetivo de mantener las finanzas del régimen sanas y actualizadas.
Estando la expectativa de vida de nuestro país entre los 75 y 80 años, pienso que se debería realizar un estudio actuarial más profundo, a fin de determinar cuáles serán los efectos positivos o negativos de dicho proyecto.
La verdad no veo los beneficios que pueda tener la mayoría. Más bien, se ensancharía la brecha entre ricos y pobres, que ya de por sí existe. Solamente los que tengan mayor capacidad económica y los que hagan toda clase de malabares para subir los montos devengados en los últimos años van a lograr salir con pensiones millonarias, hecho que podría provocar, a futuro, serios desajustes en el régimen. Obviamente los que tienen bajos salarios, no podrán acceder a esta alternativa.
Pero hay algo más: se abrirán dos vertientes: los ambiciosos que de alguna manera se las arreglarán para seguir trabajando sin cotizar “porque ya cumplieron”, quitándoles puestos de trabajo a otros que sí los necesitan, y los otros, que a los 57 han estado esperando este momento para jubilarse e irse a casa a ver televisión y comer palomitas y se convertirán a temprana edad aún en seres inactivos que por su sedentarismo podrían pasar a formar parte de personas con problemas de salud, que vendrían a engrosar las filas en los centros hospitalarios, poniendo en peligro también el régimen de enfermedad y maternidad.
¡Abramos los ojos! Recordemos que en el pasado, por no estar alerta, nos han metido más de un gol que hoy día no se puede echar marcha atrás, como las gollerías que se han dado en las convenciones laborales de muchas instituciones estatales.
Aún no he oído las voces de los defensores de la Caja, ¿cuál es la opinión del Poder Ejecutivo?
Defendamos nuestra institución, no esperemos a que en la Asamblea Legislativa alguien grite “¡bingo!”, porque la mayoría va a levantar la mano.

Arnoldo Obando Fonseca