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No se hizo la reestructuración del Estado necesaria y, en cambio, se perdió la mayoría de los mejores profesionales que trabajaban en algunas instituciones

Consecuencias de un Estado débil

Hablar en este país de obra vial se ha vuelto algo que enoja y al mismo tiempo aburre. Es el enojo de ver que no seamos capaces de avanzar en estas necesidades, y aburrimiento ante la idea de tener que volver a empezar el lento vía crucis que a veces no concluye en nada.
Hay que empezar, pues, por aclarar algunas cosas. El deterioro y desmantelamiento en algunos casos, ocurrido bajo la supuesta idea de un ajuste estructural del sector público, llevó a lo que hoy tenemos.
No se hizo la verdadera reestructuración del Estado que se necesitaba y sí, en cambio, se perdió la mayoría de los mejores profesionales que trabajaban en algunas instituciones estatales, como podría ser el caso del Ministerio de Obras Públicas y Transportes, que migraron hacia el sector privado que les ofrecía salarios no solo dignos sino muy atractivos comparados con los que tenían.
Pasado el tiempo, exigimos a esas instituciones, así deterioradas, el rendimiento que solo tendrían si hubieran sido beneficiadas con una modernización y actualización en conocimientos para hacer frente a los nuevos retos y dotadas de equipamientos adecuados a las tareas que deberían enfrentar.
Conclusión, para ver esta realidad en un ejemplo, las ofertas que debieron recibirse en 2009 para las obras viales de rehabilitación y ampliación de la carretera entre Cañas y Liberia, Guanacaste, apenas serán recibidas, si hay suerte, el próximo mes de julio.
La razón, es que el Ministerio no ha tenido capacidad para sacar adelante la tarea. El tiempo transcurrido desde entonces se fue en elaboración de borradores de carteles mal hechos que fueron apelados y luego descartados. Carteles que a su vez eran intentos carentes del presupuesto para ser concretados y así sucesivamente, la misma y aburrida historia que todos conocemos.
Hoy, aparentemente, se nos dice que hay una especie de oportunidad de que realmente baje el banderazo de salida y se puedan escuchar ofertas el mes próximo, además de contar con los recursos económicos para esta obra.
Recursos que de solo recordarlos vuelve el enojo, puesto que provienen de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo aprobado por el Congreso en julio del año pasado, por el cual estamos pagando intereses ya, a pesar de no haber comenzado a utilizarlos en nada.
Una triste historia que ojalá sirviera para, al menos, tener claro lo que se hizo y las consecuencias que por ello enfrentamos hoy.
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