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Todos escuchamos que debemos alejarnos de la gente tóxica pero pocos nos hemos hecho una autoevaluación para ver si será que nosotros también pecamos de ser personas pesimistas y sin quererlo estemos transmitiendo malas vibras a los demás, destruyendo relaciones productivas y entorpeciendo nuestra propia plenitud. Más adelante veremos los 3 niveles de toxicidad.

 Cuando era pequeña me daba una pereza terrible visitar a mi difunta abuela, después del tiempo logré descubrir el por qué.  Era hipocondriaca, pesimista y con tendencias depresivas (fue una mujer luchadora y bondadosa y una buena persona pero al mismo tiempo muy tóxica). Se quejaba de absolutamente todo y era un círculo vicioso ya que posiblemente a las personas, al igual que a mí, nos cansaba escucharla y sin quererlo, las personas se alejaban de ella.

 Yo admito que he sido tóxica en bastantes momentos y que algunas personas han tenido que soportarme, de verdad les agradezco su apoyo, especialmente a mis hijos y mi mamá quienes me ha escuchado en mis lapsos de mayor negativismo y pacientemente me ha ayudado con su cariño y buenos consejos. Por eso planteo la pregunta, ¿conocemos nuestro YO tóxico?. La mejor forma de identificarlo es ser consciente de tres aspectos: los pensamientos negativos, de las palabras negativas y las acciones negativas.

 Cualquier pensamiento que le genere culpa, estrés, tensión, ansiedad, preocupación, tristeza son alertas personales de toxicidad nivel 1 y nos hace daño a nosotros mismos. Para buscar conscientemente de contrarrestar los pensamientos negativos hay que cambiarlos por pensamientos de gratitud, paz, tranquilidad y felicidad, cerrando los ojos, respirando profundo, rezando y visualizando todas las cosas buenas por las que podemos estar felices. Si adicionalmente ocupamos nuestro tiempo en hacerle frente a las preocupaciones que tienen solución de parte nuestra y le agregamos tiempo para hacer todas aquellas actividades que nos dan placer, satisfacción y felicidad, será más sencillo empezar a ser una persona optimista y dejar atrás a nuestro yo tóxico.

 Si esto no es suficiente, es probable que lleguemos al nivel de toxicidad 2 que son las palabras negativas. Cuando dejamos que los pensamientos negativos se verbalicen, empezamos a transmitir una mala vibra a los demás. Las palabras tóxicas son un repelente de para relaciones saludables (de amistad, pareja, familia, trabajo, etc.). En vez de hablar solo de cosas malas, mejor ocupémonos en buscar soluciones. Las palabras tóxicas pueden herir a los demás y destruir grandes proyectos, personas, amistades, etc. Lo ideal es que conectemos nuestra lengua (y el teclado del móvil o computadora) a nuestro cerebro y nuestro corazón y analicemos si lo que estamos diciendo es productivo y si tiene una buena intensión. Si tenemos que hacer alguna crítica hagámonos las preguntas: ¿el propósito es bueno?, ¿la intensión es constructiva o solamente estoy hablando para perjudicar, herir o molestar?. Si a respuesta es NO, mejor cerrar la boca o apagar la computadora o el celular un rato. Si ocupamos desahogar nuestras frustraciones hagámoslo con la gente correcta, en el momento correcto y de la forma correcta, no despotricando contra el primer pobre, con el más débil o discutiendo de forma en que no logremos encontrar una solución sino que con nuestras palabras tóxicas, los problemas se complican más.

 Este aspecto aplica también en el uso de dispositivos móviles y redes sociales. Muchos se han metido en serios problemas por no controlar lo que escriben con palabras tóxicas e insultos a otras personas. Aunque existe la libertad de expresión, utilicemos inteligentemente nuestro derecho para denunciar pero también proponer soluciones, no solo para quejarnos e insultar. Si tenemos un malestar con alguien, tratemos de resolverlo directamente con esa persona, seamos valientes y directos en vez de escudarnos detrás de un teclado, no hagamos públicas nuestras quejas de carácter privado, porque lo más probable es que a los demás no les importe y nos convirtamos en repelente de amistades, compañeros y familia. Yo recientemente eliminé del teléfono la app de Facebook para no estar leyendo constantemente quejas y discusiones de diferentes temas, me hizo bastante bueno, sinceramente refrescante para mi cerebro.

 Si no logramos controlar este nivel, podemos caer en el nivel de toxicidad 3, que son los actos tóxicos. Esto es un problema serio porque podemos hacer cosas que luego podrían tener graves repercusiones incluso hasta legales por falta de autocontrol de los pensamientos y de las palabras o por actuar con ira en vez de hacerlo de forma inteligente. Cuando se llega aquí realmente hay muy poco por hacer, el daño hecho no se puede borrar. Por esto es tan importante que podamos identificar y hacernos examen de consciencia para tener claro que debemos alejarnos de la gente tóxica pero ese alejamiento empieza por nuestro YO tóxico. Seamos personas íntegras, correctas, leales, aboguemos por causas justas, busquemos lo positivo en lo que pensamos, decimos y hacemos y no dejemos que nuestro “lado oscuro” se apodere dejándonos grandes tristezas, arrepentimientos y fracasos en las relaciones con los demás y con nosotros mismos.

 ¡Namasté!

 


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