Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 22 Julio, 2016

Decir una cosa y hacer otra es una actitud demoledora para la credibilidad y para el liderazgo de cualquiera. Quien engaña no es legítimo ni confiable, menos un líder


Sinceramente

Congruencia, coherencia y liderazgo político

Es claro para todos nosotros que el líder es una persona a quien se le tiene una tremenda confianza y su credibilidad es plena. Para gobernar es indispensable tener liderazgo. Un conductor de pueblos a quien la opinión pública encuentra diciendo verdades parciales o dando giros para manipular la verdad es un líder que pierde confianza y credibilidad.
Verdades a medias, vestirse con éxitos ajenos, alardear de lo pequeño y dejar de lado lo importante, tiene un costo político para un conductor de países de incalculable consecuencia. Una cosa es cierta, un líder no convencerá a nadie ni persuadirá a persona alguna si carece de credibilidad y de confianza.


Ningún país se deja conducir por alguien en el que ha perdido credibilidad. Ninguna comunidad va a sentir legítimas las palabras o los gestos de una persona de quien se ha visto desencantada. Ningún pueblo se va a dejar convencer de proyectos o sacrificios por quien es percibido como una persona que sostiene un doble discurso. Decir una cosa y hacer otra es una actitud demoledora para la credibilidad y para el liderazgo de cualquiera. Quien engaña no es legítimo ni confiable, menos un líder.
La legitimidad se la otorga el pueblo a los actos de un conductor por su ejecutoria, su credibilidad y confianza así como por el éxito de sus gestiones. En política las percepciones otorgan credibilidad a las personas y forman las realidades. Las percepciones también destruyen liderazgos y la capacidad de conducir pueblos. Los fracasos hacen que las personas pierdan confianza y credibilidad y finalmente acaban el liderazgo.
La percepción de que el líder denuncia errores o delitos puede formar confianza y credibilidad en esa persona. Pero la percepción de que la persona está haciendo lo mismo que antes ella criticó destruye de manera violenta y súbita la capacidad de conducir o de influir en los acontecimientos políticos de una comunidad.
Si se piden impuestos a quienes casi no les alcanza el dinero, pero se gasta en viajes costosos, autos de lujo y se defienden privilegios de grupo, la percepción es totalmente negativa porque el ejemplo, habla más que mil palabras y un líder debe asumir los sacrificios de su pueblo y más.
Si en mensajes políticos de estado se confunden de manera interesada ineficiencia e ineficacia del aparato estatal con corrupción, se identifican esos términos y si la organización sigue siendo ineficiente e ineficaz los electores serán quienes señalen a ese líder con igual dureza ya que él los convenció a ellos para juzgar así. Las cosas se devuelven siempre.
Si se saca pecho y obras y proyectos comenzados bajo otras administraciones se atribuyen como propios, sin serlo, las personas que tienen sentido común y perciben lo sucedido se reirán de quien así lo asegura y su credibilidad y liderazgo desaparecerán súbita y violentamente.
Acusar prácticas de ayer como corruptas para adoptar prácticas ligeramente diferenciadas y señalar que lo de ayer estaba mal pero hoy está bien, cosecha desprecio y desconfianza, nunca credibilidad.
La congruencia y la coherencia son bases del liderazgo político.
Profesor
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